OMPRESS-ROMA (4-06-20) Dirigida al Ministro General de los Franciscanos, recuerda la vocación de este santo tan querido, fruto del ejemplo de cinco franciscanos misioneros, que murieron mártires en Marruecos. Este año la Orden Franciscana celebra una fecha significativa para su historia: hace 800 años, el joven canónigo Fernando, movido por el testimonio de entrega de la vida de unos misioneros franciscanos en Marruecos, decide hacerse fraile menor para morir como ellos a causa del Evangelio. Escoge como nombre el de Antonio. Esta celebración se prolongará hasta el año 2021, en correspondencia con la fecha que marca la llegada de fray Antonio a Italia, en 1221. En su carta, con fecha del 15 de febrero pero hecha pública ahora, el Papa Francisco recuerda los hechos que rodearon la vida uno de los santos más queridos en el mundo católico.

“Me ha complacido saber que la Orden celebra con alegría el Octavo centenario de la vocación franciscana de San Antonio de Padua. Ochocientos años atrás, en Coímbra, el joven canónigo regular agustino Fernando, nativo de Lisboa, al enterarse del martirio de cinco franciscanos, muertos a causa de la fe cristiana en Marruecos el 16 de enero de ese mismo año, decidió dar un giro a su propia vida.

Dejó su tierra y emprendió un camino, símbolo de su propio itinerario de conversión espiritual. En primer lugar se dirigió a Marruecos, decidido a vivir valerosamente el Evangelio siguiendo las huellas de los mártires Franciscanos martirizados allá; luego, después del naufragio en las costas de Italia –como les sigue pasando hoy a muchos hermanos y hermanas nuestros- llegó a Sicilia. De ahí, el plan providencial de Dios lo condujo hacia el encuentro con la figura de San Francisco de Asís por los caminos de Italia y Francia. Por último, se trasladó a Padua, ciudad que quedará por siempre especialmente unida a su nombre y que custodia su cuerpo.

Deseo que esta significativa conmemoración suscite, especialmente en los religiosos franciscanos y en los devotos de San Antonio esparcidos en todo el mundo, el anhelo de experimentar la misma santa inquietud que lo condujo por las sendas del mundo para dar testimonio, con las palabras y obras, del amor de Dios. Que su ejemplo de cercanía para con las familias en dificultad, con los pobres y desamparados, así como de su pasión por la verdad y la justicia, puedan suscitar todavía hoy la entrega generosa de sí mismos, en el signo de la fraternidad. Sobre todo pienso en los jóvenes: este antiguo santo, a la vez moderno y genial en sus intuiciones, pueda ser para las nuevas generaciones un modelo a seguir, para hacer fecundo el camino de cada uno.

Además, me uno espiritualmente a todos aquellos que tomarán parte en las diversas iniciativas, promovidas para celebrar y vivir en la oración y en la caridad este Octavo Centenario Antoniano. Deseo que todos puedan decir junto con San Antonio: «¡Veo a mi Señor!». Es necesario “ver al Señor” en el rostro de cada hermano y hermana, ofreciendo a todos consuelo, esperanza y la posibilidad de encontrarse con la Palabra de Dios, para asentar en ella su propia vida.

Con tales sentimientos, pidiendo a cada uno que rece por mí, de corazón mando la Bendición Apostólica a la Familia de los Hermanos Menores Conventuales y a cuantos se inspiran en la espiritualidad de San Antonio de Padua”.