OMPRESS-ETIOPÍA (14-03-19) El misionero Christopher Hartley lleva más de 10 años en Etiopía, uno de los más pobres del mundo. Desde su misión escribe una nueva “Carta desde el Desierto”:

“Como casi todos sabéis, hace más de cuatro años empezamos un programa para mujeres y sus hijos, enfermas de SIDA, y otras enfermedades terribles; mujeres en su mayoría dedicadas a la prostitución. El programa se llama Tamara.

Durante estos años han aprendido a tejer manualidades sencillas me colores múltiples: bolsos, estuches, carteras, individuales, posavasos, envases para pañuelos…

Con estás manualidades han comenzado una vida nueva, una vida más digna. Han logrado muchas de ellas salir de una vida infernal, degradante y decadente. Poco a poco, con cariño, con terapia, con oración, con diálogo y consejería, han dado un vuelco enorme a sus vidas.

Han encontrado una nueva vida, han aprendido una profesión mucho más digna que la terrible compraventa de sus cuerpos; pueden pagar el alquiler de sus habitaciones; proveer el sustento diario para ellas y sus hijos. Cada una dispone de su propia cuenta de banco. Todo lo que cada una produce de sus manualidades es integro para ellas, nosotros únicamente nos hacemos responsables de ayudar con la venta de dichas manualidades.

Muchas de estas mujeres han empezado sus propios negocios con sus ahorros, han regresado a sus regiones de origen, a sus familias y a su gente: Tigray, Oromía, Awassa, Wolaita, Robe, el valle de Bale, la región Amhara… En definitiva, gracias a esta misión católica, han podido empezar una vida nueva.

Durante el tiempo que han permanecido con nosotros hemos dado estricto seguimiento a su condición médica, facilitándole los medicamentos que necesitan, asegurándonos de que no faltaran a sus citas médicas.

Otras han fallecido entre nosotros o han fallecido sus hijos. Las hemos acompañado por el viacrucis que es su vida, hemos llorado con ellas, hemos enjugado sus lágrimas, lavado sus llagas, vendado sus heridas, como si del mismo cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo se tratase… Finalmente, las hemos acompañado a los cementerios y hemos orado por el eterno descanso de su alma, que hemos encomendado a Nuestro Buen Dios y a su Bendita Madre.

Nos ha parecido, sin embargo, que había llegado el momento de dar un paso hacia adelante y fiados en la Providencia de Dios, tomamos prestados unos fondos que teníamos reservados para las obras de la misión y hemos conseguido traer quince maquinas industriales de costura.

Hemos encontrado un profesor titulado, a quien hemos contratado para los primeros meses de formación para las mujeres del programa. Es un cambio grandísimo en su vida. Estamos seguros de que un título de costura industrial les puede abrir muchas puertas y ayudarlas a abrirse camino por ellas mismas.

Ya han empezado a aprender a producir sus propias prendas de vestir y pronto podrán confeccionar ropa para vender. Nos llena de emoción y de sano orgullo ver cómo cambia su vida, como despliegan sus talentos y dones recibidos de Dios, como disfrutan sintiéndose útiles. Verlas desarrollarse como personas, como mujeres, madres, trabajadoras gracias a la labor de la Iglesia-madre es para mí un motivo de enorme gozo pastoral.

Sin embargo, también recurrimos a vosotros a través de esta carta porque necesitamos vuestra ayuda. Como tantas veces, nos hemos embarcado en este proyecto sin tener los fondos para ello. He tomado prestado del dinero de la construcción para empezar a comprar las máquinas de coser.

Cada máquina cuesta 700€. ¿Alguien quiere ayudarnos a patrocinar una máquina? ¿O al menos a sufragar los gastos de una de estas máquinas, con lo que podáis? Os ruego que por favor nos ayudéis con lo que podáis, de verdad que es un proyecto que vale la pena. En cartas sucesivas os iremos dando noticias de cómo progresan en el aprendizaje.

Aquí os van unas fotos de cómo está el proyecto de las máquinas de coser hoy en día. ¡DIOS OS LO PAGUE! Ante el Sagrario de la misión oramos cada día por todos vosotros”.