OMPRESS-MOZAMBIQUE (25-02-20) El obispo misionero portugués Diamantino Antunes recuerda a los catequistas asesinados en Mozambique en 1992. El próximo 22 de marzo se cumplirán 28 años de la muerte de los mártires de Guiúa, en Inhambane, Mozambique. Eran los últimos meses de la guerra civil que azotó durante años el país, por lo que la diócesis de Inhambane decidió reabrir el Centro Catequético de Guiúa, para la formación de familias de catequistas. Se confío la formación a los Misioneros de la Consolata. Así que en aquel mes de marzo de 1992 dos decenas de familias escogidas de diversas misiones acababan de llegar al centro, para continuar su formación como catequistas, cuando un grupo de guerrilleros lo atacó. Secuestrados y trasladados a la fuerza a la base de los guerrilleros, en el camino 24 catequistas fueron brutalmente asesinados a bayonetazos.

Mons. Diamantino Antunes fue nombrado obispo de Tete, una diócesis mozambiqueña hace menos de un año. Este misionero de la Consolata portugués comenzó su labor misionera en Mozambique, precisamente el año del martirio de estos catequistas. Él fue el postulador de la causa de canonización de estos mártires a nivel diocesano antes de ser nombrado obispo. La parte diocesano de esta causa se cerró el 22 de marzo de 2019, tras la recopilación de testimonios directos que confirmaron la “fama del martirio”. Ahora la causa está en manos de la Santa Sede.

En declaraciones a la Agencia portuguesa Ecclesia explicaba que la zona de Guiúa era un “epicentro de guerra”, en el largo enfrentamiento civil que sacudía el país africano, en un momento en el que estaban en curso negociaciones de paz, con la participación activa de la Iglesia. Por eso “no hay duda de que hay una motivación religiosa” en su asesinato. “Aceptaron su sacrificio con un espíritu de fe”, explica el misionero.

En Mozambique se tiene gran veneración por los mártires de Guiúa. Sus cuerpos reposan hoy cerca del Centro Catequético que les reunió y a sus tumbas llegan en peregrinación centenares de fieles durante todo el año, además de tener lugar cada año una celebración litúrgica para evocar aquellos hechos.