OMPRESS-MADRID (6-02-20) Miles de personas se reunían en la localidad sudafricana de Tshitanini, al norte del país, muy cerca de las fronteras de Zambia y Mozambique. Allí está la capilla dedicada al beato Benedict Daswa, y la ocasión era la celebración de los 30 años del martirio de este, el primer beato sudafricano.

Fue el 2 de febrero de 1990 era asesinado Benedict por rechazar la creencia en el mal de ojo y no querer cazar a las brujas de su aldea. Nacido en 1946, en Nweli, una aldea también del norte de Sudáfrica, muy cercana a Tshitanini, recibió el bautismo a los 17 años. Su nombre era Tshimangadzo, pero adoptó el de Benedicto, por el catequista que lo convirtió. Y es que Benedicto el Africano – para diferenciarlo del Benedicto monje – vivió en el siglo XVI y fue hijo de esclavos, traído desde África a Sicilia.

Tshimangadzo, ya Benedict, era maestro y todo el mundo le quería por su trabajo y por su compromiso con los más pobres. También fundó el primer equipo de fútbol de la aldea. Casado, padre de ocho hijos, se convirtió en director de la escuela local y miembro del consejo de su localidad.

Entre 1989 y 1990 la zona donde está enclavada la aldea de Nweli sufrió unas lluvias excepcionales, con rayos y tormentas eléctricas inusuales. Fue entonces cuando el consejo de la aldea decidió consultar a un brujo para descubrir quién era el responsable de que las fuerzas de la naturaleza se hubieran desatado. Se exigió a cada habitante de la aldea una suma para financiar la consulta al brujo. Benedict ya había dado innumerables muestras de oponerse a este tipo de prácticas y había defendido a personas acusadas de brujería, algo que desgraciadamente incluso hoy sigue ocurriendo en muchas partes de África. Así que rechazó el pago y se opuso a algo en contradicción directa con su fe: la caza de brujas – una expresión que esta vez era literal. Lo que estaba ocurriendo en la región eran fenómenos naturales, decía. La población de la aldea, tratándose de una persona tan importante para la comunidad, se enfadó y consideró que el rechazo de Benedicto a esta “caza” era un rechazo de las creencias tradicionales. Una multitud enfurecida lo agredió y lo asesinó a bastonazos y pedradas. Estaba terminando el apartheid en Sudáfrica y la violencia desgraciadamente formaba parte del día a día de este país.

El pasado sábado, cuatro mil católicos y no católica se reunían en torno al Santuario de Benedict Daswa, para honrar los 30 años de este héroe, mártir de la fe cristiana. A esta celebración han asistido fieles de toda Sudáfrica y más allá; algunos procedentes de Botswana, Zimbabue, Suazilandia, Lesoto… Los jefes locales y representantes del gobierno se encontraban entre los presentes para honrar a Tshimangadzo por los principios y valores que defendió durante su vida. Y también estaban sus propios hijos, sus parientes, compañeros y colegas con los que trabajó como profesor. La celebración, que se transmitió a través de la Radio Veritas, la presidió el cardenal Wilfrid Napier OFM, arzobispo de Durban.