OMPRESS-ROMA (3-04-19) “Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo”, así comienza la exhortación postsinodal Christus vivit del Papa Francisco, fruto del sínodo de los jóvenes. Una exhortación que el Papa firmó la semana pasada en el Santuario mariano de Loreto. Articulada en nueve capítulos, en los 299 números de este documento palpita la aventura de la misión y la vocación a la que está llamado cada joven, porque, como termina el documento, “la Iglesia necesita su entusiasmo, sus intuiciones, su fe. ¡Nos hacen falta!”.

El capítulo primero “¿Qué dice la Palabra de Dios sobre los jóvenes?” y el segundo, “Jesucristo siempre joven”, tocan las llamadas “a la misión” de Samuel, David o Jeremías, en el Antiguo Testamento, para centrarse en la vida Jesús, cuyos rasgos resultan “inspiradores para todo joven que crece y se prepara para realizar su misión”. El seguimiento de Jesús, su amor al Padre, su dejarse llenar del Espíritu, no pueden ser ignorados en la pastoral juvenil, con “proyectos que los fortalezcan, los acompañen y los lancen al encuentro con los demás, al servicio generoso, a la misión”. También se recuerda el sí a la misión de la joven María, “la influencer de Dios”, y los reflejos de Cristo joven en los jóvenes santos que ha habido en la Iglesia, entre los que cita a la patrona de las misiones, Santa Teresa del Niño Jesús.

El capítulo tercero, “Ustedes son el ahora de Dios”, analiza las “cosas que les pasan a los jóvenes”. Jóvenes que viven en contextos de guerra y que padecen la violencia, que son ideologizados y utilizados. Jóvenes que padecen la marginación y exclusión social. Ante estas situaciones, el Papa pide que “no seamos una Iglesia que no llora frente a estos dramas de sus hijos jóvenes. Nunca nos acostumbremos, porque quien no sabe llorar no es madre”. Son jóvenes en los que “también están los golpes, los fracasos, los recuerdos tristes clavados en el alma”, y que viven en el ambiente digital que caracteriza al mundo contemporáneo. Esto último es una “extraordinaria oportunidad de diálogo, encuentro e intercambio entre personas”, pero también tiene límites y carencias. No se olvida el documento de la inmigración que afecta a tantos jóvenes y tampoco de los abusos sufridos del clero. Toda esta imagen un tanto pesimista termina con un “Hay salida”: “Si eres joven en edad, pero te sientes débil, cansado o desilusionado, pídele a Jesús que te renueve. Con Él no falta la esperanza”.

Es a partir del capítulo cuarto, “El gran anuncio para todos los jóvenes”, cuando el documento les interpela directamente. El gran anuncio incluye “tres grandes verdades que todos necesitamos escuchar siempre, una y otra vez”: “Dios te ama”, “Cristo te salva” y “¡Él vive!”: “Contempla a Jesús feliz, desbordante de gozo. Alégrate con tu Amigo que triunfó. Mataron al santo, al justo, al inocente, pero Él venció. El mal no tiene la última palabra. En tu vida el mal tampoco tendrá la última palabra, porque tu Amigo que te ama quiere triunfar en ti. Tu salvador vive”. De estas tres grandes realidades dimanan los “caminos de juventud” – capítulo quinto – que en amistad con Cristo llevarán a los jóvenes a madurar, a comprometerse, a la misión: “ir sin miedo con el anuncio misionero, allí donde nos encontremos y con quien estemos, en el barrio, en el estudio, en el deporte, en las salidas con los amigos, en el voluntariado o en el trabajo, siempre es bueno y oportuno compartir la alegría del Evangelio”.

En el capítulo sexto – “Jóvenes con raíces” – recuerda el Papa Francisco que las ideologías de distintos colores funcionan haciendo olvidar las raíces, la experiencia de los mayores, todo el pasado. Por eso deben “no perder el contacto con los ancianos, para poder recoger su experiencia”, de manera que se pueda caminar juntos “para estar bien arraigados en el presente, y desde aquí frecuentar el pasado y el futuro”. En el capítulo séptimo, “la pastoral de los jóvenes”, se habla de los rasgos que deben animarla a la luz de lo expuesto, que tiene que ser sinodal con dos líneas de acción, “la búsqueda, la convocatoria, el llamado que atraiga a nuevos jóvenes a la experiencia del Señor” y, la otra, “el crecimiento, el desarrollo de un camino de maduración de los que ya han hecho esa experiencia”. Para ellos es necesario “crear hogar”, crear familia, aprovechar las instituciones educativas, los momentos más fuertes del año litúrgico, el servicio a los demás, la música, las expresiones artísticas, el deporte, el cuidado del medio ambiente… Además de la pastoral habitual que realizan las parroquias y los movimientos, el documento llama a una “pastoral popular juvenil”, más amplia y flexible “que estimule, en los distintos lugares donde se mueven los jóvenes reales, esos liderazgos naturales y esos carismas que el Espíritu Santo ya ha sembrado entre ellos”, que cree espacios inclusivos, que “abra puertas y ofrezca espacio a todos y a cada uno con sus dudas, sus traumas, sus problemas y su búsqueda de identidad, sus errores, su historia, sus experiencias del pecado y todas sus dificultades”. Es un impulso a ser “siempre misioneros”, porque “la pastoral juvenil debe ser siempre una pastoral misionera”.

El capítulo, “la vocación”, y el último, “el discernimiento”, hablan de situar toda la vida “de cara al Dios que nos ama, y nos permite entender que nada es fruto de un caos sin sentido, sino que todo puede integrarse en un camino de respuesta al Señor, que tiene un precioso plan para nosotros”. Un plan que es un llamado a la amistad con Dios, a un ser para los demás, a vivir el amor y la familia, el trabajo y, si es el caso, a una vocación de consagración especial.