OMPRESS-VENEZUELA (11-03-20) Uno de cada seis venezolanos ha tenido que abandonar su país desde el 2015, la mayor emigración humana de la historia de América. Son en total 4,9 millones de personas, según la Plataforma Regional de Naciones Unidas. Este dato y otros incluso más preocupantes eran recogidos en un informe oral sobre la situación de los derechos humanos en la República Bolivariana de Venezuela, presentado ayer por la antigua presidenta de Chile, Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

El Programa Mundial de Alimentos, otra agencia de la ONU, señalaba que los que se han quedado en Venezuela no están mucho mejor. Un tercio de la población de Venezuela pasa hambre: 2,3 millones de personas se encuentran en inseguridad alimentaria severa y 7 millones en inseguridad alimentaria moderada.

En su exposición, Michele Bachelet, hacía mención a los más vulnerables, que siempre son los que más sufren: “Y permítame hacer aquí un comentario especial, como mujer, como madre y como pediatra. Sigue siendo urgente atender la situación de los niños y niñas venezolanos con necesidad de trasplante. Hasta hoy, 38 siguen en lista de espera en Venezuela y seis están aún pendientes de ser atendidos en Argentina. Y algunos han lamentablemente fallecido esperando el trasplante. Según información recibida, las sanciones han obstaculizado la transferencia de recursos para los tratamientos. Sin embargo, a ellas se suma la situación crítica del Hospital infantil J.M. de los Ríos, en Caracas. Al final de 2019, sólo el 21 por ciento de las camas se encontraban operativas”.

Sigue habiendo “actos de violencia de fuerzas de seguridad y simpatizantes del Gobierno contra parlamentarios de la oposición. Desde el 5 de enero las Fuerzas de Seguridad han dificultado el acceso a dichos Diputados a la sede de la Asamblea Nacional”. Hay “agresiones contra opositores políticos, manifestantes y periodistas, sin que las fuerzas de seguridad actuaran para evitarlo”. Además, estas agresiones “suelen estar acompañadas por una retórica que estigmatiza, expone y desacredita a las víctimas y justifica la violencia”.