En el Domund la Iglesia nos invita a dar con generosidad y alegría

 

La celebración de la Jornada del DOMUND es, esencialmente, expresión de la comunión eclesial misionera. En el año 1926 el papa Pío XI instituyó esta Jornada para que todas las Iglesias particulares se reconocieran corresponsables, en comunión con la sede de Pedro, de la vida de las comunidades cristianas que surgían con la expansión del Evangelio. Así sucedió desde el principio. De manera natural, todas las Iglesias nacientes sentían la necesidad de ser solícitos con el resto de las Iglesias, en comunión con la Iglesia madre, la Iglesia de Jerusalén. San Pablo así lo constata cuando anima a fortalecer esta comunión, porque “la realización de este servicio no solo remedia las necesidades de los santos, sino que además redunda en abundante acción de gracias a Dios… por vuestra profesión de fe en el Evangelio de Cristo y por vuestra generosa comunión con ellos y con todos” (2Cor 9, 12-13).

En este contexto de comunión eclesial se entienden las oportunas alusiones del apóstol para ayudar a los fieles de la Iglesia en Jerusalén que se encuentran en estrecha escasez por causa de las persecuciones y de la carestía de bienes. No duda en calificar este hecho como un “servicio sagrado” (2Cor 9,12), porque es expresión de la sagrada cooperación entre las Iglesias. Los fieles cristianos son conscientes de que es Dios Padre quien concede sus dones, para que los cristianos, como miembros de una sola familia, los pongan a disposición de todos, según las necesidades de cada uno. “El que mucho recogió, no tuvo de más, y el que poco, no tuvo de menos” (2 Co 8,14). Práctica que se vive, desde sus orígenes, en el seno de las Iglesias, siempre y en cualquier lugar, pero de modo especial en esta Jornada misionera del Domund, donde la unión íntima entre las Iglesias se manifiesta en el intercambio de dones espirituales y materiales, dando cada uno lo que puede y recibiendo cuanto necesite. Este es el carisma de las Obras Misionales Pontificias.

Esta generosa cooperación no se justifica únicamente por la exigencia de subvenir a las necesidades de las Iglesias nacientes, sino por la convicción de que todas las comunidades locales estaban llamadas a seguir el ejemplo de Cristo, que “siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enrudezcáis con su pobreza” (2Cor 8,9). Entonces, las Iglesias surgidas del paganismo reconocían a la Iglesia de Jerusalén como madre, y eran consideradas como Iglesias nacidas en continuidad con la sucesión apostólica. Era preciso que las Iglesias jóvenes no fueran vistas como cuerpos ajenos a la tradición y a la comunión apostólica. La colecta era una prueba indirecta de la unidad de la Iglesia. Ahora, las Iglesias en formación están necesitadas de estas ayudas para poder vivir la misión que les ha sido encomendada, y las Iglesias más consolidadas muestran su solicitud con la Iglesia universal.

Domund: Colecta Evangélica

La colecta que se realiza en las comunidades cristianas durante la Jornada del DOMUND no es una simple costumbre, más o menos piadosa, de dar una limosna, sino que es un verdadero signo de nuestra comunión eclesial. La fe cristiana está llamada a compartir lo que se tiene con los demás, para que “reine la igualdad” (2Cor 8,4). También las Iglesias jóvenes y necesitadas ponen a disposición de la Iglesia universal sus dones, incluso de los que tienen menester. La Iglesia nos invita, como lo hizo en la época apostólica, a dar con generosidad y alegría. Estas son las señas de identidad de la colecta del DOMUND: Dar con alegría, con abundancia, porque Dios ama a quien da con alegría y no permite que a nadie le falte lo necesario.

Anastasio Gil
Director Nacional OMP España

 

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