“Dolor, tristeza y preocupación” estas son los sentimientos de Monseñor Ángel Garachana, misionero claretiano español, ante la situación política y social que vive Honduras

 

Mons. Garachana, es, desde hace más de 20 años, obispo de San Pedro Sula, una de las 10 diócesis de Honduras. Ante la situación política y social que están viviendo los hondureños en las últimas semanas, ha hecho llegar un mensaje a todos los files de su diócesis:

“La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan, salmo 85,11. Tal es el mensaje que el salmo responsorial de este segundo domingo de Adviento nos anuncia. Esta es la voluntad de Dios para nosotros sus hijos. Este es el proyecto que nosotros debemos realizar en Honduras para tener vida en plenitud.

Por eso, veo con dolor, tristeza y preocupación los acontecimientos que estamos sufriendo y la situación política y social por la que estamos atravesando. Queremos, pese a todo, mantener abierta la esperanza y el compromiso por construir una convivencia justa y en paz. Por tanto, además de invitar a la oración a todos los que creemos en Cristo, recuerdo que no basta con decir: ‘Señor, Señor’, sino que hemos de afrontar nuestra realidad y responder a sus retos. De ahí que me parezca oportuno compartir estas reflexiones:

  1. Independientemente de posibles comportamientos injustos de personas concretas, es claro que institucionalmente nuestro sistema democrático es débil y tiene claras deficiencias. Necesitamos una más clara distinción de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial y que estos dos últimos mantengan sin ninguna duda su independencia.
  2. Recordamos que, pese a una participación ordenada y pacífica en las últimas elecciones, es muy alta la abstención, no solo en las elecciones primarias, sino en estas generales. Con seguridad no hay una única causa que provoca este fenómeno pero sí que refleja desilusión y desconfianza ante la clase política.
  3. Teniendo en cuenta esta abstención, los candidatos elegibles tienen que reconocer que solo alrededor del 20% de los hondureños con derecho a voto ha optado por darles su mandato. Esto exige a todos humildad y decisión por buscar un bien común que desborda con mucho las propias opciones y las de cualquier partido. Esto exige, igualmente, mayor compromiso en el conocimiento de la realidad, mayor esfuerzo de reflexión sobre la diversidad de propuestas institucionales y un claro compromiso por el diálogo con todos.
  4. Sin entrar en valoraciones o juicios personales, lamento que la información facilitada por el Tribunal Superior Electoral no haya respondido con claridad al derecho de la ciudadanía. Considero necesario que con la participación de todos los partidos que hayan obtenido escaños en el Congreso y de los observadores internacionales se revisen todas las actas escrutadas para poder superar las sospechas y recelos generados, aceptar los resultados y avanzar por el camino de la reconciliación, del diálogo, la colaboración y la paz estable.
  5. Ruego a todos que mantengamos actitudes de respeto, diálogo y convivencia y superemos toda forma de violencia tanto hacia las personas como hacia los bienes y propiedades del Estado, de las instituciones privadas o de las familias. Nadie ‘gana’ violentando a los demás. Todos ganamos construyendo juntos una Honduras justa, sin exclusión ni pobreza.
  6. Todos los actores con responsabilidad en la vida pública de nuestra patria hemos de tener presente que algo más del 40% de los/as hondureños/as es menor de 18 años. No participa en las elecciones pero sí tiene derecho a esperar que nos comprometamos con su futuro. Al comenzar la siguiente legislatura estaremos celebrando los doscientos años de la independencia. ¿Qué vamos a ofrecer a esa generación del bicentenario para que pueda asumir su tarea de construir una patria justa y en paz?

Cierro estas reflexiones remitiéndolos de nuevo al salmo responsorial de este domingo e invitándolos a orar con sus palabras: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación”.