REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO (19-04-18) En 1973 en el territorio de la diócesis de Mahagi-Nioka, República Democrática del Congo, sólo el 10% de los chicos en edad escolar estaba de verdad escolarizado. De este 10% sólo el 5%, eran niñas. Sólo 2.000 niñas. Una de cada 100. Desgraciadamente, la escolarización sólo llegaba a primaria. Fue entonces cuando la Iglesia, en esta zona fronteriza, con Uganda se puso manos a la obra para cambiar la situación.

Es lo que cuenta el padre Francisco Ostos Palma, de los Misioneros de África, granadino de nacimiento, pero crecido en Sevilla. Ha dedicado 45 años de su vida a la misión, 41 en el Congo, en esta diócesis de Mahagi-Nioka, y 4, estos últimos, en México. Ahora regresa de nuevo al Congo, al amor de su vida como dice él. Esta vez su misión estará en Bunia, al sur de Mahagi. Bunia ha sufrido mucha violencia en estas últimas semanas y meses, con desplazados, secuestros, asesinatos… En Bunia será ecónomo de los Padres Blancos en la región del Ituri, la región que abarca todas estas diócesis de la frontera con Uganda, además de hacerse cargo de un orfanato.

OMPress ha aprovechado su visita a España para hablar con él de su labor en Mahagi-Nioka y cómo, a través de la educación, se puede ayudar a salir adelante a toda una región. En 1973, cuando él llegó a Mahagi, la situación era la arriba apuntada. A partir de aquella fecha la diócesis, con el apoyo de los misioneros – el padre Ostos era el ecónomo diocesano – comenzó a abrir escuelas. Hoy el 90% de los niños están escolarizados, sean niños o niñas. Es decir de aquellas 2.000 niñas de 1973 se ha pasado a 150.000. Además, con mucho se han creado 8 institutos superiores para secundaria y bachillerato. Los jóvenes técnicos y bachilleres no son nada raro en Mahagi.

Mons. Marcel Utembi Tapa, el obispo de Mahagi-Nioka, –hoy es arzobispo de Kisangani y presidente de los obispos del Congo– y el padre Ostos se lanzaron a la construcción de una universidad para dar más salidas a los chicos que terminaban el bachillerato. Se llama UNILAB, Universidad del Lago Alberto, y ya es una realidad. En ellas se imparten estudios de Ingeniería Civil, Agrónomos, Informática, Arquitectura. También Derecho, Ciencias de la Educación, Ciencias Políticas y Sociales e incluso cuenta con una Facultad de Estudios para la Paz. Está última tan necesaria en esta zona del planeta, para ayudar a la resolución de conflictos, de manera pacífica. El año pasado se graduaron los primeros cuatro ingenieros agrónomos, este año lo harán los primeros ingenieros civiles. Una esperanza, dada la falta de infraestructuras, de profesores y de personal formado.

En esta universidad han colaborado todos. El jefe de la tribu de la zona fue quien donó los terrenos. Comerciantes y empresarios de la zona aportaron fondos en dinero o en especie, como cemento u otros materiales. La Fundación Mamoré les ayudó con la instalación fotovoltaica. Recibieron además el apoyo decidido y la asesoría de TYPSA, un grupo español de empresas independientes de consultoría en los campos de ingeniería civil, arquitectura, industria y energía, y medio ambiente.

El esfuerzo educativo ha cambiado la sociedad de la zona. Antes los chicos se casaban a edades tan tempranas como los 15 y 16 años. En la actualidad, lo normal es casarse a los 25, tras los estudios, con la cabeza más formada. Un control de la natalidad natural, que, como cuenta el padre Ostos, ha hecho que las familias tengan 5 ó 6 hijos menos, y sepan que cuando traen un hijo al mundo es toda una responsabilidad.