OMPRESS-FÁTIMA (26-03-20) Más de 20 países se asociaban ayer a la consagración de la Península Ibérica al Sagrado Corazón de Jesús y al Corazón Inmaculado de María hecha en Fátima, en el Día de la Anunciación. La ceremonia tuvo lugar en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, junto a la imagen de la Virgen que habitualmente se venera en la Capilla de las Apariciones. Presidida por Mons. António Marto, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Portuguesa, en la ceremonia se repitió la oración “Libéranos de la pandemia que nos afecta”, en español y portugués.

Al comienzo de la celebración, que comenzó con el rezo del Rosario, el rector del Santuario de Fátima, el padre Carlos Cabecinhas anunció que se rezaría por las víctimas directas e indirectas de la pandemia, por los profesionales de la salud, “incansables en sus esfuerzos por ayudar a los enfermos”, por las autoridades, “en su esfuerzo por encontrar soluciones”; y por las familias. Recordó que en la Basílica están enterrados san Francisco y santa Jacinta Marto, “también ellos víctimas de una pandemia”, la gripe neumónica, que causó su muerte en 1919 y 1920. La consagración de Portugal fue anunciada el viernes pasado por los obispos del país, a la que se adhirieron España y otros países; La ceremonia se transmitió por televisión, radio y plataformas digitales. La primera consagración de Portugal al Inmaculado Corazón de María tuvo lugar el 13 de mayo de 1931, ocho meses después del reconocimiento oficial de las apariciones por parte del obispo de Leiría. La comunidad y parroquia del misionero Carlos Moratalla se unió desde Beira, Mozambique, a esta consagración. La víspera de la consagración rezaron junto a la Virgen de Fátima, por todos los afectados por la enfermedad. Ayer se unían a Fátima rezando el rosario, por supuesto manteniendo la distancia de más de un metro entre las personas.

El acto de consagración:

Corazón de Jesucristo, médico de las almas, Hijo amado y rostro de la misericordia del Padre, la Iglesia que peregrina sobre la tierra, en Portugal y España, naciones que son tuyas, mira a tu costado abierto, que es su fuente de salvación, y te suplica: en esta singular hora de sufrimiento, asiste a tu Iglesia, inspira a los gobernantes de las naciones, escucha a los pobres y a los afligidos, enaltece a los humildes y a los oprimidos, sana a los enfermos y pecadores, levanta a los abatidos y desanimados, libera a los cautivos y prisioneros y líbranos de la pandemia que nos afecta.

Corazón de Jesucristo, médico de las almas, elevado en lo alto de la Cruz y tocado por los dedos del discípulo en la intimidad del cenáculo, la Iglesia que peregrina sobre la tierra, en Portugal y España, naciones que son tuyas, te contempla como imagen del abrazo del Padre a la humanidad, ese abrazo que, en el Espíritu de Amor, queremos darnos unos a otros según tu mandato en el lavatorio de los pies y te suplica: en esta singular hora de sufrimiento, ampara a los niños, a los ancianos y a los más vulnerables, conforta a los médicos, a los enfermeros, a los profesionales de la salud y a los voluntarios cuidadores, fortalece a las familias y refuérzanos en la ciudadanía y en la solidaridad, sé la luz de los moribundos, acoge en tu reino a los difuntos, aleja de nosotros todo mal y líbranos de la pandemia que nos afecta.

Corazón de Jesucristo, médico de las almas e Hijo de Santa María Virgen, por medio del Corazón de tu Madre, a quien se entrega la Iglesia que peregrina sobre la tierra, en Portugal y España, naciones que desde hace siglos son suyas, y en tantos otros países, acepta la consagración de tu Iglesia. Al consagrarse a tu Sagrado Corazón, la Iglesia se entrega a la protección del Corazón Inmaculado Corazón de María, configurado a la luz de tu Pascua y aquí revelado a tres niños como refugio y camino que lleva a tu Corazón. Sea Santa María Virgen, Nuestra Señora del Rosario de Fátima, la Salud de los Enfermos y el Refugio de tus discípulos nacidos junto a la Cruz de tu amor. Sea el Inmaculado Corazón de María, a quien nos entregamos, quien diga con nosotros: en esta singular hora de sufrimiento, acoge a los que perecen, da aliento a los que a ti se consagran y renueva el universo y la humanidad. Amén.