OMPRESS-GAMBIA (9-05-19) Son ocho seminaristas. Son los únicos ocho seminaristas de Gambia, uno de los países más pequeños de África. Cada año, estos ocho jóvenes, al llegar septiembre, hacen sus maletas y se van a estudiar Filosofía o Teología – depende de en qué año de formación esté cada uno – al Seminario Mayor San Pablo de Freetown, Sierra Leona, cuatro países más al sur, si se sigue la costa occidental de África. La Iglesia católica en Gambia no podría sostener un seminario en el país. Para ayudar a estos ocho futuros sacerdotes la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol envía una cantidad – este año 4.000 dólares – fruto de la generosidad de los fieles con la campaña de las Vocaciones Nativas en países de misión. Cubre el viaje y parte de los gastos de la estancia en Sierra Leona, de la que no volverán hasta principios de julio, tras diez meses lejos de casa.

Son la esperanza de la Iglesia de Gambia, de los 46.000 católicos de este pequeño país y de toda una historia de evangelización que, aunque se remonta al siglo XV, no fue hasta 1931 que no comenzó de manera firme y decidida. Fue el año en que llegaron los misioneros espiritanos. De hecho, desde aquella fecha han sido espiritanos todos los responsables de lo que primero fue una misión, después una prefectura apostólica y hoy es la diócesis de Banjul, la capital. Pero hoy ya son los gambianos quienes han tomado el relevo a los misioneros. Hasta el único obispo del país, Mons. Gabriel Mendy, es gambiano.

En una Iglesia tan pequeña la ordenación de un sacerdote es un verdadero acontecimiento que reúne a toda la comunidad en oración y ofrecimiento. Tras años de preparación, de ausencias, de ilusión, se ordenan sacerdotes y son sus propios padres quienes les ayudan a revestirse y también quienes les entregan el bastón y el sombrero tradicionales, símbolos de autoridad y de su nuevo papel en la comunidad.