OMPRESS-BRASIL (26-03-20) Desde Manaus, en el Amazonas, hasta Río de Janeiro, nos escriben nuestras misioneras y misioneros para hablarnos, en estos momentos de incertidumbre, de las medidas que se adoptan y de lo muy necesario que nos es Dios en estos momentos. El misionero Enrique Pérez, sacerdote madrileño, cuenta que vive “en la capital del menor de los Estados de la federación brasileña, Aracaju, estado de Sergipe. Las calles de la ciudad están vacías, a pesar de que la desinformación es bastante visible. Tengo la impresión de que la gente se guía más por intuición que por instrucciones… Poco a poco va apareciendo la histeria y se van viendo algunas mascarillas, pero ayer estuve en el hospital universitario de Aracaju y los médicos y funcionarios sí estaban con mascarillas y con precauciones por lo menos aparentemente. Fui al hospital, donde fui capellán, para ofrecer mis posibles servicios, pero sabiendo mi edad y otras flaquezas de salud, a pesar de la buena disposición, me ‘echaron’ cariñosamente de allí, para que no me contagie porque ya estoy con la edad de que si me contagio me dejarán sólo en una cama, esperando lo que Dios quiera”.

La hermana Manuela Suárez, una orensana de las Mercedarias de la Caridad, dice que trabaja “en una residencia geriátrica, lo cual significa que todo cuidado es poco. La triste experiencia que vive España, de alguna manera, nos anima a llevar en serio las orientaciones que recibimos de los organismos de Iglesia y gobierno. Somos tres Mercedarias de la Caridad y hemos recordado que, en los primeros años de la Congregación algunas hermanas murieron víctimas de la peste. La actual creo que es peor. Medio en broma y también en serio comentamos que tal vez sea nuestra hora. Lo cierto es que estamos en buenas, poderosas y divinas manos”.

La barcelonesa Josefa Puigdomènech, de las Misioneras Hijas del Corazón de María cuenta que también en Brasil las Iglesias todas están cerradas al público: “Está todo cerrado menos las farmacias y supermercados. A mi parecer Dios nos está dando una señal. Nosotras las religiosas, hemos intensificado mucho la oración, la Exposición del Santísimo… para que el Señor se apiade de tanto materialismo y la gente se vuelva para nuestro Dios en el que se encuentra nuestra paz y por consiguiente nuestra felicidad”. El agustino leonés José Luis Arias, desde São Paulo, explica que “por supuesto nuestros colegios y parroquias también han suspendido las actividades públicas. Representa un reto para todos y seguro que marcará la forma de trabajar y vivir de mucha gente. El libro de la vida se ha abierto por la página que nos enseña la lección de la fragilidad humana. La página que habla de la mutua dependencia, de la necesidad de cuidar unos de otros”.

Desde Manaus, en el Amazonas, Juan Cruz Vicario cuenta que “el Estado y municipio han parado las clases. No se ha parado el distrito, aunque han disminuido la producción por falta de piezas que vienen de China y Japón. La gente está haciendo vida normal porque solo han visto el drama por la televisión, no lo han sufrido en su familia. Falta mucha concienciación. Una curiosidad: los evangélicos están vendiendo el gel bendecido a precio de oro; pero bueno, ese gel les va a salvar de coger el virus. Ellos van a continuar con las iglesias abiertas para orar a Dios en estos momentos de incertidumbre, ya que esas oraciones les van salvar de esta peste. ¡Que Dios nos coja confesados!”.