OMPRESS-YEMEN (20-02-20) Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) más de 138.000 personas cruzaron el Golfo de Adén hacia Yemen el año pasado. Una cifra superior a la de los 110.000 migrantes y refugiados que cruzaron el Mediterráneo. Esto convierte a la ruta migratoria desde África al Yemen en la ruta marítima de emigración con mayor actividad y tráfico del mundo.

En 2019, 11.500 personas cada mes se subían en embarcaciones, desde el Cuerno de África, para cruzar las aguas del Índico. Esto ha hecho que se convierta por segundo año consecutivo en la ruta marítima más utilizada en el globo. En el 2018 fueron 150.000 personas las que siguieron esta ruta. La OIM explica además que casi el 90% de los que llegaron a Yemen este pasado año intentaron después llegar a Arabia Saudita. La mayor parte procedía de las regiones rurales interiores de Etiopia, sobre todo de Oromia, Amhara y Tigray, ya que, aproximadamente el 92% de quienes realizaron este peligroso viaje eran etíopes.

“Si bien las tragedias a lo largo del Mediterráneo son bien informadas, nuestro personal da testimonio día a día de los abusos sufridos por los jóvenes del Cuerno de África por parte de tratantes y traficantes que se aprovechan de sus esperanzas de tener una mejor vida”, explicaba Mohammed Abdiker, Director Regional de la OIM para el Este y el Cuerno de África. Durante estos últimos años no se ha reducido en que el número de inmigrantes no se ha reducido ha tenido lugar un cruento conflicto en Yemen, que ya dura cinco años. Además, las duras políticas de los países del Golfo en contra de la inmigración tampoco parecen haber disuadido a los inmigrantes documentados. Quienes hacen el peligroso viaje hacia el Golfo deben cruzar desiertos con poca comida o agua y territorios controlados por grupos armados.

En la nota de prensa del OIM que explicaba los datos se recoge el duro testimonio de un emigrante etíope de 32 años: “Para poder llegar hasta Yemen, apiñaron alrededor de 280 personas en una sola embarcación. No había oxígeno y algunas personas se suicidaron arrojándose al mar”. La mayor parte de los emigrantes saben perfectamente la situación de falta de seguridad y de violencia que se van a encontrar en Yemen. Allí se encontrarán enfrentamientos armados y abusos como secuestros a cambio de rescates, torturas, explotación y trata. “Cuando llegamos a Yemen, los traficantes nos retuvieron durante un mes”, explicaba a la OIM otro e migrante etíope de 18 años. “Nos golpearon, torturaron, abusaron y nos retuvieron pidiendo un rescate. Mi familia envió 900 dólares para poder salvar mi vida, así fui liberado con otras personas que también habían pagado”.

Los tratantes y traficantes operan embarcaciones desde Obock, en Djibouti, y Bosasso, en Somalia. El año pasado, un 38% de los migrantes llegaron desde Djibouti, en tanto que la gran mayoría, un 62% llegaron a la costa sur de Yemen desde Somalia. Para la mayor parte de los migrantes el viaje desde su hogar hasta el Reino de Arabia Saudita puede llevar algunos meses. Sin embargo, podría ser aún más largo dependiendo de lo que se encuentren en el camino.

“El mecanismo de protección más efectivo para los migrantes sigue siendo el establecimiento de vías legales para poder migrar”, explica desde esta agencia de la ONU. De ahí que constituya un paso alentador el acuerdo firmado el año pasado entre el Reino de Arabia Saudita y el Gobierno de Etiopía sobre un sistema para contratar trabajadores domésticos. Con él se permitirá que 100.000 trabajadores etíopes viajen a Arabia Saudita sin tener que atravesar desiertos terribles y uno de los mares en donde la crueldad humana no parece atraer la atención del mundo.