La misión exige renovación espiritual en camino hacia la Pascua de Cristo

 

“La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Rm 8,19) es el tema que el Papa Francisco ha elegido para su mensaje para la Cuaresma de 2019. En el contexto de la preparación del Mes Misionero Extraordinario este mensaje del Santo Padre nos invita a reflexionar sobre la urgente necesidad de la conversión espiritual de la Iglesia para un empeño con mayor entusiasmo y alegría en su misión propia.

El Papa nos recuerda que “de Pascua en Pascua” la Iglesia camina “hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo” y que “este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación”.
Francisco en el Mensaje afirma que “si el hombre vive como hijo de Dios […] beneficia también a la creación, cooperando en su redención”. Por el contrario, “cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas”. La Cuaresma, como camino hacia la celebración de la Pascua, “nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual”.

Para ello, el Papa invita a “Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas. […] Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos”. Fruto de esta conversión “se puede encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón”.

El Mensaje del Santo Padre -en esta etapa de preparación del Mes Misionero Extraordinario– supone la toma de conciencia de la repercusión que tiene el que los cristianos vivamos como hijos de Dios, dejándonos guiar por el Espíritu (cf. Rm 8,14). Cuando el cristiano manifiesta la fuerza de la gracia en sí, sus consecuencias alcanzan a la humanidad entera y al conjunto de la creación. Por eso la conversión espiritual es una condición indispensable para la misión. Ciertamente actúa también en nosotros y en la Iglesia “la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse” por lo que existe una “irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una ‘nueva creación’ (2 Co 5,17)” por la fuerza regeneradora de la misericordia de Dios manifestada en la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte.

La eficacia de la misión -hasta alcanzar a la entera creación- viene de “emprender un camino de verdadera conversión […] acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte”. En esta Cuaresma pidamos por la renovación que el Papa Francisco quiere para toda la Iglesia para que responda con mayor entusiasmo a su vocación misionera; que el Mes Misionero Extraordinario traiga, como él desea, el fruto “de despertar aún más la conciencia misionera de la missio ad gentes y de retomar con un nuevo impulso la transformación misionera de la vida y de la pastoral”.

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