“El Señor nos vuelve a conceder este año un tiempo propicio para prepararnos a celebrar con el corazón renovado el gran Misterio de la muerte y resurrección de Jesús, fundamento de la vida cristiana personal y comunitaria”, así como de la misión del cristiano y de la Iglesia. El mensaje del papa Francisco para la Cuaresma invita a todos a poner el centro de atención en lo más esencial del ser cristiano: “la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesús: el kerygma”. Esta es el fundamento de la vida y la misión de la Iglesia.

El él, cita dos veces la exhortación apostólica que dirigió a los jóvenes, Christus vivit, precisamente para recordar cómo el Misterio pascual es el centro de la vida cristiana: el Misterio de un amor «tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una relación llena de diálogo sincero y fecundo» (Christus vivit, 117), por lo que invita a: «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez» (n. 123). La Cuaresma viene a recordarnos que la Pascua no es un acontecimiento del pasado, sino que “por el poder del Espíritu Santo es siempre actual y nos permite mirar y tocar con fe la carne de Cristo en tantas personas que sufren”.

El Papa recuerda las tres actitudes tradicionales para vivir la Cuaresma: la oración, el ayuno y la limosna. Porque para reconocer el amor que Dios nos manifiesta en su Hijo muerto y resucitado es necesaria la oración, por la que correspondemos “al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene”; la oración puede tener formas distintas sabiendo que “cuanto más nos dejemos fascinar por su Palabra, más lograremos experimentar su misericordia gratuita hacia nosotros”.

Además, la Cuaresma como nueva oportunidad de conversión debe “suscitar en nosotros un sentido de reconocimiento y sacudir nuestra modorra” porque “este espacio que se nos ofrece para un cambio de rumbo manifiesta la voluntad tenaz de Dios de no interrumpir el diálogo de salvación con nosotros”. Para ello hay que centrar nuestra atención en lo que Dios nos dice y dejar de lado cualquier “tipo de charlatanería, dictado por una curiosidad vacía y superficial”; es, pues, invitación a ayunar de “la mundanidad” que “en nuestros días puede insinuarse también en un uso engañoso de los medios de comunicación”.

Por último, afirma Francisco que “poner el Misterio pascual en el centro de la vida significa sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado”; por eso invita a todos a “compartir sus bienes con los más necesitados mediante la limosna, como forma de participación personal en la construcción de un mundo más justo”.

Mirar a Cristo crucificado supone reconocer y acoger su amor en la oración, ayunar de lo que nos aparte de este diálogo salvífico y con compasión compartir nuestros bienes. Es un sencillo programa misionero que el papa ofrece a todos los cristianos para esta Cuaresma. Ahora bien, el hecho de citar por dos veces la Christus vivit pone de manifiesto una vez más cómo Francisco cuenta con los jóvenes, les confía la renovación de la Iglesia y su deseo de que sean protagonistas activos de la misión de la Iglesia en el mundo entero.