La misión de la Iglesia es comunicar a Jesús con la fuerza del Espíritu

 

Cuaresma es un tiempo de renovación espiritual para los bautizados y la Iglesia en su conjunto. Este año el acento -qué duda cabe- tiene que estar en reavivar la conciencia misionera; por eso, continuamos editando el itinerario “La misión, brújula para los jóvenes” como preparación para el Mes Misionero Extraordinario. “La misión de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, está aún lejos de cumplirse”; así inicia la encíclica misionera de san Juan Pablo II y ésta es la motivación última del papa Francisco para este Mes, pero si no tomamos conciencia de ello, no cumpliremos con el mandato misionero de Jesús.

Como dice el papa Francisco: “La Carta apostólica Maximum illud exhortó, con espíritu profético y franqueza evangélica, a salir a los confines de las naciones para testimoniar la voluntad salvífica de Dios a través de la misión universal de la Iglesia”. Por esta razón ha convocado el Mes Misionero Extraordinario “con el fin de despertar aún más la conciencia misionera de la missio ad gentes y de retomar con un nuevo impulso la transformación misionera de la vida y de la pastoral”.

  1. Crecemos en la amistad con Jesucristo

La Cuaresma llama a los cristianos a la conversión, “a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna”. Ayunar de la tentación de devorarlo todo; orar para declararnos necesitados del Señor y de su misericordia y dar limosna para encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón (Papa Francisco, Mensaje para la Cuaresma 2019). El reto para la Cuaresma de este año es vivirlos con la intencionalidad que ayuden a renovarnos y crecer en la conciencia misionera para comprender la urgencia de la misión porque “no habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo” (EN 75).

  1. Escuchamos el testimonio de los misioneros y misioneras

Pablo Seco, misionero del IEME en Japón: “El cristianismo de entrada no les convence […] Nosotros hacemos el esfuerzo por transmitir el mensaje de Jesús”. Puedes ver cómo lo hace en el reportaje de Misioneros por el Mundo. 

  1. Reflexionamos el texto para nuestra formación

El papa Francisco invita a los jóvenes a pensar la propia vida en el horizonte de la misión: «Muchas veces, en la vida, perdemos tiempo preguntándonos: “Pero, ¿quién soy yo?”. Y tú puedes preguntarte quién eres y pasar toda una vida buscando quién eres. Pero pregúntate: “¿Para quién soy yo?”». (Discurso en la Vigilia de oración en preparación para la Jornada Mundial de la Juventud, Basílica de Santa María la Mayor, 8 abril 2017). Esta afirmación ilumina de modo profundo las decisiones sobre la vida, porque recuerda que hay que asumirlas en el horizonte liberador de la entrega de uno mismo. ¡Este es el único camino para alcanzar una felicidad auténtica y duradera!

Efectivamente, «la misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (EG 273). Documento final de la Asamblea del Sínodo de los Obispos, 69.

  1. Nos comprometemos con la misión

Pedir luz al Espíritu Santo para revisar en este tiempo de Cuaresma el compromiso misionero personal y comunitario para retomarlo con nuevo impulso. San Pablo VI en la encíclica Evangelii nuntiandi resume los interrogantes que el mundo lanza a los evangelizadores así: “¿Creéis verdaderamente en lo que anunciáis? ¿Vivís lo que creéis? ¿Predicáis verdaderamente lo que vivís?” (EN 76).

 

Oración del Mes Misionero Extraordinario

Padre nuestro,

tu Hijo Unigénito Jesucristo

resucitado de entre los muertos

encomendó a sus discípulos el mandato de

«id y haced discípulos a todas las gentes».

Tú nos recuerdas que a través de nuestro bautismo

somos partícipes de la misión de la Iglesia.

Por los dones de tu Santo Espíritu, concédenos la gracia

de ser testigos del Evangelio,

valientes y tenaces,

para que la misión encomendada a la Iglesia,

que aún está lejos de ser completada,

pueda encontrar manifestaciones nuevas y eficaces

que traigan vida y luz al mundo.

Ayúdanos a hacer que todos los pueblos

puedan experimentar el amor salvífico

y la misericordia de Jesucristo,

Él que es Dios y vive y reina contigo,

en la unidad del Espíritu Santo,

por los siglos de los siglos.

Amén