OMPRESS-FILIPINAS (23-06-20) Es lo que ha hecho la diócesis de Dumaguete, en Filipinas, durante estas semanas, en los que la comunidad de sordomudos local ha sufrido la falta de comunicación de una manera más dura. A medida que pasaban los días de confinamiento, esta diócesis filipina se dedicaba a proteger a uno de los grupos más vulnerables, las personas con discapacidad.

El padre Christian Benjamin, de la Comisión de PWD (Persons with Disabilities – personas con discapacidad) de la diócesis de Dumaguete, explicaba que estas personas han necesitado un apoyo particular durante este difícil periodo. Durante la cuarentena se ocuparon por ello de garantizar que estuvieran atendidos y sus necesidades cubiertas. Además de distribuir paquetes de comida, el sacerdote también celebraba misas para sordos a través de las redes sociales.

“La mayoría, si no todos, están espiritualmente ‘secos’ porque no han asistido a misa desde marzo”, decía el padre Benjamin, que es párroco además de la Iglesia de San Nicolás de Tolentino en Dauin, en la provincia de Negros Oriental. Con casi mil sordos en la diócesis, el sacerdote sólo podía atender con su ministerio a una parte de ellos, conectándose online para brindarles cercanía e interesarse por sus necesidades. La diócesis creó además un grupo “save families” (salva familias) para asistir a la comunidad de sordos y ciegos y a sus familias. El grupo enseñaba también a estas personas a crear huertos urbanos que les ayuden a sobrevivir ante la pandemia, cultivando verduras para su sustento diario.

“Necesitan un trabajo que les ayude a sobrevivir”, señalaba el padre Benjamin, uno de los dos sacerdotes de la diócesis que conoce el lenguaje de señas. La mayoría de las personas con discapacidad en Negros Oriental y la provincia vecina de Siquijor, perdieron sus empleos, como consecuencia del confinamiento. Solo en Negros Oriental, el Ministerio de Industria filipino informó que al menos el 87% de las empresas locales cesaron su actividad desde abril. Los más afectados fueron restaurantes, salones de masajes, peluquerías y la industria del turismo en general, donde trabajan la mayor parte de las personas con discapacidad. La cuarentena, explicaba el sacerdote, les ha afectado “psicológicamente y algunos están en el estado de depresión”. La Iglesia de Dumaguete lleva años comprometida en el servicio a la comunidad de personas discapacitadas, organizando actividades e incluso festivales, y, sobre todo, buscándoles oportunidades laborales y para integrarse en la sociedad.