OMPRESS-BOLIVIA (15-04-20) En los últimos 60 años decenas y decenas de sacerdotes, laicos e incluso obispos han partido hacia Bolivia desde Bérgamo, hoy tan golpeada por el coronavirus; los que allí están siguen con preocupación la situación de su tierra. La Iglesia de Bolivia no sería la misma sin la aportación que han hecho todos estos misioneros salidos de Bérgamo. Fue en 1962, cuando el Papa Juan XXIII le pidió a su diócesis natal que ayudara a la Iglesia boliviana. Se creó entonces un hermanamiento que ha durado en el tiempo y aún es fuerte: en el país andino hay actualmente más de treinta misioneros, incluidos sacerdotes y laicos, que cuentan cómo se vive en la época del coronavirus. Tampoco es una coincidencia que la comunidad boliviana más grande de Italia esté en Bérgamo.

A ellos ha dedicado un reportaje la agencia SIR de la Conferencia Episcopal Italiana. Nada menos que tres obispos de la diócesis boliviana son bergamascos. Mons. Sergio Gualberti Calandrina es el arzobispo de Santa Cruz de la Sierra, en el oriente boliviano, la más grande del país. Mons. Eugenio Scarpellini es el obispo de El Alto, a 4.000 metros de altura, en el gran altiplano. Mons. Mons. Eugenio Coter es el obispo del vicariato apostólico de Pando, en el norte amazónico, en la frontera con Brasil y Perú. Ellos como el resto de los misioneros de Bérgamo están a miles de kilómetros de su tierra y con el corazón roto por la pérdida de muchos amigos y conocidos, pero también por la preocupación de que también pueda llegar esto a Bolivia, en un contexto de gran pobreza.

Los tres obispos pasan horas en conexión con Bérgamo, recibiendo noticias dolorosas. Y, por otro lado, están atrapados en sus residencias, celebrando sin creyentes. Mons. Coter conocía a varios sacerdotes fallecidos en su ciudad natal, y declara a SIR que “en Bérgamo hay 1.300 respiradores, y no son suficientes. En Riberalta, donde vivo, una ciudad de 120 mil habitantes, más o menos tan grande como Bérgamo, hay tres estructuras pequeñas y diez respiradores solamente”. Mons. Eugenio Scarpellini, por su parte, cuenta que siente cómo “en Bérgamo una generación se va en silencio, es terrible. Soy originario de Zingonia, donde el virus no afectó mucho, pero era párroco en Nembro. Ha habido 126 muertes allí en un pueblo de 6.000 habitantes. Paso mucho tiempo al teléfono con sus familiares, trato de darles esperanza. Estoy impresionado por la muerte de sacerdotes amigos, el P. Fausto Resmini fue mi compañero de cantamisa, el P. Beraldelli, mi prefecto en el Seminario”.

En Bolivia el contagio, inicialmente contenido en comparación con el resto de América del Sur, se está expandiendo y ahora afecta a un centenar de casos, con tres muertes. Entre los positivos también un obispo, el vicario apostólico de Ñuflo de Chávez, Mons. Antonio Bonifacio Reimann Pánico. Las medidas preventivas de las autoridades fueron extremadamente severas, conscientes de que el sistema de salud boliviano no podía soportar una expansión masiva del virus. Solo una persona puede salir por hogar, un día a la semana. Depende del último número de la tarjeta de identidad. Los días 1 y 2 los lunes, y así sucesivamente. Mons. Gualberti dice que “Santa Cruz es la ciudad con más casos, al menos sesenta, he visto que ahora está prácticamente vacía, pero hay personas pobres y sin hogar, que sufren de adicción al alcohol y las drogas y viven en las calles, inmigrantes venezolanos”.