OMPRESS-MADRID (22-03-18) “Las Palabras de Dios son Espíritu y Vida, y por lo tanto no se pueden proclamar ni acoger sin el Espíritu”. Raniero Cantalamessa -predicador de la Casa Pontificia con Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco-, reivindicaba este martes el protagonismo del Espíritu Santo en la Misión de la Iglesia. Fue en la Jornada académica de la Cátedra de Misionología, en su décimo aniversario, en un acto presidido por Mons. Carlos Osoro, cardenal arzobispo de Madrid, y que contó con las intervenciones de Javier Prades, rector de la Universidad Eclesiástica San Dámaso (UESD), y Anastasio Gil, director nacional de Obras Misionales Pontificias.

El padre Cantalamessa explicó que el Espíritu Santo ha estado muchas veces en un segundo plano en la evangelización, pero sin él ésta se queda en algo meramente humano. Por ello dio las claves para recuperar su centralidad. Por una parte, es necesario pedirlo en la oración, y no abandonarla en aras de tener más tiempo para hacer cosas urgentes. “Lanzarse al activismo febril y perder el contacto con la Palabra es lanzarse al fracaso. Es como si unos bomberos se lanzan a apagar un incendio con mucha prisa, y cuando llegan no tienen agua”. Por otro lado, animó a tener una recta intención de corazón a la hora de evangelizar. “Nada ofusca más a nuestra evangelización que la falta de pureza en nuestra intención”. Contra esto, es necesario evangelizar con humildad -sin buscar la propia gloria- y con amor -a los hombres, y a la persona de Jesús-.

Una vez propuestas las claves de renovación, el predicador de la Casa Pontificia diagnosticó uno de los grandes problemas de la evangelización católica: se ha dejado en segundo plano la predicación. “Los católicos estamos más acostumbrados a ser pastores que a ser pescadores de hombres”. Para cambiar esto, afirmó la necesidad de personas preparadas que sepan traducir las verdades de la fe a la gente corriente, “porque no hay ningún misterio tan profundo que no pueda ser comunicada a cada uno de los hombres con un lenguaje apropiado”.

Anastasio Gil, director de OMP presentó la cátedra de Misionología, de la que es también director. “Hace diez años nació una pequeña semilla. Vimos que era necesario dotar de un fondo teológico a toda la animación misionera que se vivía en España. Faltaba una formación sólida y consistente”. Así se creó la Cátedra, en colaboración con la Dirección Nacional de las Obras Misionales Pontificias (OMP) y de acuerdo con la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de la Conferencia Episcopal Española. Según explicó, ésta ha ido aumentando sus actividades a medida que los alumnos lo han ido demandando. “Ser misionero no es algo facultativo: está en la entraña misma de la fe. Doy gracias a Dios, que se sirve de este instrumento académico para hacer el bien”.

Por su parte, Javier Prades, rector de la Universidad UESD, hizo ver que el Papa Francisco pide en la Veritatis Gaudium una profunda relación entre la reflexión teológica y el servicio pastoral y misionero a las culturas de hoy. Por ello, valoró el esfuerzo de la Cátedra de Misionología por ofrecer un servicio a la reflexión y formación misionológica. “Constituye una experiencia novedosa de formación misionera, orgánica y sistemática para el Pueblo de Dios”. Y lo hace a través del curso de evangelización misionera, la Jornada académica de Misionología, el curso de verano, además de las publicaciones que publica.

“Gracias a las OMP por tener en la Universidad la Cátedra de Misionología, que da anticuerpos a la mundanidad y la mediocridad”, afirmó monseñor Carlos Osoro, cardenal arzobispo de Madrid. Hizo extensivo este agradecimiento a Anastasio Gil, y reveló que la forma de trabajar de la cátedra está inspirada en el modo de vivir que tiene el director nacional de OMP en el Hogar para niños de Nuestra Señora de los Desamparados, del que es capellán. “Para vivir una misión sin límites de disponibilidad es necesaria la oración y la rectitud de intención, y esto solo nos lo puede dar el Espíritu Santo”, culminó.