OMPRESS-ESTADOS UNIDOS (22-06-20) Este pasado viernes era derribada la estatua de San Junípero Serra, en un parque de la ciudad de San Francisco, el misionero mallorquín, considerado uno de los padres fundadores de la actual California. “¿Qué le está pasando a nuestra sociedad?”, se preguntaba el padre Salvatore J. Cordileone, en la página web de la archidiócesis de San Francisco. Algunos han secuestrado un movimiento nacional de renovación para sanar el recuerdo y corregir las injusticias del racismo y la brutalidad policial en nuestro país en un movimiento de violencia, saqueo y vandalismo. El derrumbe y desfiguración de las estatuas en el Golden Gate Park, incluida la de San Junípero Serra, se ha convertido en el último ejemplo. El mantener la memoria de figuras históricas merece un debate honesto y justo sobre cómo y a quién se le debe otorgar tal honor. Pero aquí, no se ha dado este debate racional; ha sido la ley del piquete, un fenómeno preocupante que parece repetirse en todo el país”.

San Junípero Serra – el Papa Francisco canonizó a este misionero franciscano en Washington, D.C., el 23 de septiembre de 2015 – fundó en el siglo XVIII numerosas misiones católicas en el área que luego se convertiría en California, misiones que se convertirían en las principales ciudades de California. El Papa Francisco en la canonización recordó además que “. Junípero buscó defender la dignidad de la comunidad nativa, protegiéndola de cuantos la habían abusado. Abusos que hoy nos siguen provocando desagrado, especialmente por el dolor que causan en la vida de tantos”. De hecho no hay ni una sola prueba de que el misionero dañara ni siquiera de pensamiento a alguno de aquellos nativos. Todas las pruebas históricas apuntan en dirección contraria.

Por eso, señalaba el padre Cordileone en su comentario sobre este ataque a la memoria del misionero: “Todos los que trabajan por la justicia y la igualdad se unen a la indignación de quienes han sido y siguen siendo oprimidos. Es especialmente cierto que los seguidores de Jesucristo, los cristianos, están llamados a trabajar incansablemente por la dignidad de todos los seres humanos. Esta es una piedra angular de nuestra fe. Nuestra querida ciudad lleva el nombre de una de las figuras más icónicas de paz y buena voluntad de la historia: San Francisco de Asís. Durante los últimos 800 años, las diversas órdenes franciscanas de hermanos, hermanas y sacerdotes que se remontan a su inspiración han sido ejemplares no solo de servir, sino de identificarse con los pobres y oprimidos y de darles su dignidad legítima como hijos de Dios. San Junípero Serra no es una excepción”.

Y recordaba que el santo “llevó a cabo sacrificios heroicos para proteger a los pueblos indígenas de California de sus conquistadores españoles, especialmente de los soldados. Incluso con su pierna enferma que le causó tanto dolor, caminó hasta la Ciudad de México para obtener facultades especiales de gobierno del virrey de España para disciplinar a los militares que estaban abusando de los indios. Y luego regresó a California. Y para que no haya dudas, tenemos un recordatorio físico hasta el día de hoy: en todas partes hay un presidio (cuartel de soldados) asociado con una misión en la cadena de 21 misiones que fundó, el presidio está a millas de distancia de la misión misma y de la escuela. San Junípero Serra también les ofreció lo mejor que tenía: el conocimiento y el amor de Jesucristo, que él y sus hermanos frailes franciscanos hicieron a través de la educación, la atención médica y su capacitación agraria”.