OMPRESS-ETIOPÍA (11-06-18) Ramón Navarro Catalán es un Misionero en Comboniano que trabaja en la diócesis de Awasa, al suroeste de Etiopía. En esta carta cuenta los últimos días en la misión:

“¡Feliz fiesta del Sagrado Corazón! (…) Vivimos momentos difíciles debido a que han empezado a soliviantarse Guyis contra Gedeos y lo que hasta ahora había sido un bálsamo y ejemplo de convivencia se está transformando en guerra. Y lo peor es que las autoridades se han decantado por un bando (el Guyi) porque son de esa etnia y la tierra les pertenece y no hacen nada por evitar atropellos y vejaciones. El primer día de la reunión con los catequistas la semana pasada llovía a cántaros y nos extrañamos que se oyesen cantos al lado de la misión. Nos dijeron eran los soldados locales que desfilaban rumbo a una reunión a la que habían convocado a todos los hombres de la zona. Estaba presente el Gobernador Provincial, el jefe tradicional de los Guyi, diversas autoridades de los diferentes pueblos y ciudades y se trataba de escenificar, lo digo así porque de esa reunión no salió nada aprovechable, los deseos de paz y concordia entre la gente. Los catequistas me pidieron les dejara acudir; les dije que vieran ellos lo que más les convenía y, al final, no fueron. Seguimos con nuestro programa como si tal cosa. Pedimos, eso sí, por la paz y armonía entre todos y para que nosotros seamos instrumentos de ella. Lo malo es que todos quieren paz pero por detrás alimentan las enemistades. Hacen demostraciones por la paz y los eslóganes son todos del tipo de ‘que se vayan todos’, ‘la tierra es nuestra’, etc…

Me destroza el alma ver a ‘riadas’ de gente, la mayoría niños, mujeres y algún hombre o persona mayor que lleva a niños en brazos, pasando por delante de la misión rumbo a las aldeas de donde en un tiempo inmemorial para muchos salieron en busca de campos y tierras fértiles y habitables. Lo que no imaginaban era que con el tiempo se iban a establecer en tierras que iban a serles hostiles. Ahora es cuando se ven abocadas a dejarlas porque les queman sus casas, destruyen sus cosechas, les roban sus ganados y les obligan a marcharse hacia lo desconocido porque sus tierras y familias de antaño han desaparecido. ¡Son al menos dos generaciones las que llevan algunos por aquí!

A las personas no las tocan, de momento solo unos pocos han perdido sus vidas; piensan que los soldados no actuarán mientras toquen solo campos y casas. Lo que no sabemos es hasta cuándo va a durar esto ni cómo se va a solucionar. Los más pesimistas dicen que va a ir a peor y que no va a haber solución porque los que ahora escapan volverán a vengarse, seguro. Es una espada de dos filos. (…)

Deseo tiempos mejores y que mi salud no se resienta. Me tomo las cosas con calma y sin estresarme demasiado no sea que vaya a ser peor. ¿No os parece? Nuestra cocinera ha estado toda la semana pasada de exámenes en su pueblo y hemos tenido que hacer de cocineros. Es algo que a mí no se me da así que prefiero fregar platos. Hemos salido del paso porque ya ha vuelto. Ahora mismo estoy oyendo a los carroñeros, buitres y adláteres, que han visto tienen algo que rascar porque están matando en casa un cabrito y el ruido que hacen en el tejado es infernal. No creo encuentren muchos deshechos porque a menos que no sean patas y cabeza el resto se come todo. Termino por hoy. Que sigáis bien y recéis por nosotros. Yo os encomiendo siempre en mis oraciones y Misa de cada día”.