OMPRESS-CÓRDOBA (23-10-20) Mons. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, recuerda en una carta la implicación misionera de esta diócesis andaluza, uno de cuyos rasgos es su implicación en la parroquia de Picota, Perú, como también lo es su conocida generosidad con el Domund.

“Picota es una parroquia de la selva peruana, una prolongación de la diócesis de Córdoba. Tiene una extensión geográfica de 2.172 km2 y una población de 46.000 habitantes diseminados en pequeños núcleos urbanos. Los caminos son precarios y hace diez años estaba todo por hacer. Hoy la realidad es muy distinta, gracias a la presencia de sacerdotes, religiosas y laicos de la diócesis de Córdoba.

El 17 de octubre de 2010 acompañé a los dos primeros sacerdotes diocesanos de Córdoba, que se ofrecieron voluntarios para ir a Picota, tras un convenio entre ambos obispos. En la celebración de la Eucaristía de ese domingo, los files estaban locos de contentos al recibir a estos dos sacerdotes. Nunca antes había habido sacerdote estable en ese lugar, salvo algunos meses provisionales. Y había personas en la Misa que lloraban y lloraban, en medio de los cantos y las alabanzas comunitarias. Al acabar la Misa, ya en la plaza, pregunté por qué lloraban tanto. Y me respondieron: -Padre, llevamos años y años pidiéndole a Dios que nos envíe un padrecito, y Dios ha sido muy generoso, porque nos ha mandado dos. Para ellos, la presencia estable del sacerdote era lo más grande que podía sucederles.

Y así ha sido. Porque con la presencia de dos sacerdotes estables, que han ido sucediéndose hasta seis personas distintas en estos diez años, les han venido todos los demás bienes, que hoy pueden constatarse en aquel lugar tan cordobés. Vinieron pronto otras dos comunidades de religiosas, muy vinculadas a Córdoba: las Salesianas del Sagrado Corazón y las Obreras del Sagrado Corazón, que realizan una labor admirable de evangelización. Se levantó el santuario de la Virgen del Soterraño en Shamboyacu, al que acuden cada año cientos de jóvenes en una peregrinación parecida a la nuestra de Guadalupe. Se ha construido el Hogar Virgen de Araceli para niñas, el comedor Sagrado Corazón y el botiquín Virgen de la Compasión. Además de varias decenas de capillas, en los distintos poblados diseminados por la selva.

Al visitar el lugar, al que he acudido en visita tres veces, es muy notable el cambio visible producido por la presencia de la diócesis de Córdoba, pilotada por los dos sacerdotes misioneros permanentes y por las religiosas allí presentes. Han acudido grupos de seminarista, grupos de seglares en distintos campañas misioneras, grupos de médicos. La diócesis de Córdoba se ha volcado con Picota, y allí están los frutos. Todos los fieles de la diócesis, todos los sacerdotes, todas las parroquias han aportado con generosidad su limosna para que el evangelio sea extendido en una parroquia que cuenta con 130 animadores para los 110 núcleos parroquiales diseminados. Estos animadores nativos son la joya de la corona.

Por todo ello queremos dar a Dios un inmenso gracias. Os convoco a todos a la Misa del próximo domingo 25 de octubre, todavía en el mes misionero, a las 12 en la Catedral de Córdoba, que será transmitida por 13TV. Seguidlo en directo o en diferido, para dar gracias a Dios por todo lo que nos ha concedido hacer en estos diez años. Y continuad orando y ofreciendo vuestras limosnas para que el evangelio crezca y arraigue en aquellas tierras peruanas. Córdoba es una diócesis misionera y debe continuar así.

Quiero agradecer especialmente su labor pastoral a D. Juan Ropero y D. Francisco Granados, los pioneros de esta experiencia misionera. A ellos les han seguido D. Leopoldo Rivero y D. Francisco Delgado. Y actualmente están allí y nos representan a todos, D. Rafael Prados y D. Antonio Reyes, que acaba de llegar. Quiero agradecer a las Hermanas que allí gastan su vida haciendo presente la maternidad de la Iglesia. Quiero agradecer al Cabildo de la Catedral de Córdoba, que ha sido especialmente generoso con esta misión diocesana, y a muchas parroquias que han hecho colectas especiales para afrontar los múltiples proyectos que se han realizado. A toda la diócesis de Córdoba, a la que el obispo Mons. Rafael Escudero acaba de dirigirse con muestras de gratitud. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Cuando hacemos el bien a los demás, nos hacemos bien a nosotros mismos y nos sentimos contentos. Sigamos por este camino”.