OMPRESS-ROMA (21-05-20) El Papa Francisco, en la parte final de la carta que hoy dirige a las Obras Misionales Pontificias, les da nada menos que diez “consejos para el camino” mirando al presente y al futuro de la misión de la Iglesia. Tras analizar en la extensa carta los rasgos propios de las Obras Misionales Pontificias, además de los peligros que pueden aquejar a esta “red al servicio de la misión universal”, el Papa pasa a enumerar los consejos:

1) “En la medida en que podáis, y sin hacer demasiadas conjeturas, custodiad o redescubrid la inserción de las Obras Misionales Pontificias en el seno del Pueblo de Dios, su inmanencia respecto a la trama de la vida real en que nacieron”. Las intuiciones útiles para cambiar y mejorar saldrán “desde el cuerpo a cuerpo con la vida ordinaria”.

2) “Mi sugerencia es encontrar el modo en el que la estructura esencial de las Obras Misionales Pontificias siga unida a las prácticas de la oración y de la colecta de recursos para las misiones, algo valioso y apreciado, debido a su elementalidad y concreción”. Esto manifiesta la afinidad de las OMP con la fe del Pueblo de Dios.

3) “Las OMP son —y así deben experimentarse— un instrumento de servicio a la misión de las Iglesias particulares, en el horizonte de la misión de la Iglesia, que abarca siempre todo el mundo. En esto consiste su contribución siempre preciosa al anuncio del Evangelio”.

4) “El servicio llevado a cabo por las OMP, por su naturaleza, pone a los agentes en contacto con innumerables realidades, situaciones y acontecimientos que forman parte del gran flujo de la vida de la Iglesia en todos los continentes”. Y recuerda el Papa, en este sentido, “las historias que he escuchado de muchos milagros que ocurren entre los niños, que quizás se encuentran con Jesús a través de las iniciativas propuestas por la Infancia Misionera”.

5) “La gratitud ante los prodigios que realiza el Señor entre sus predilectos, los pobres y los pequeños a los que Él revela lo que es escondido a los sabios, también os puede ayudar a sustraeros de las insidias de los replegamientos autorreferenciales y a salir de vosotros mismos en el seguimiento a Jesús”.

6) “Con referencia a la colecta de recursos para ayudar a la misión, ya en ocasión de otros encuentros pasados, llamé la atención sobre el riesgo de transformar las OMP en una ONG dedicada sólo a la recaudación y a la asignación de fondos”. La Iglesia continúa desde siempre, “yendo hacia adelante también gracias al óbolo de la viuda, a la contribución de toda la multitud de personas que se sienten sanadas y consoladas por Jesús y que, por ello, por su inmensa gratitud, donan lo que tienen”.

7) “Con respecto al uso de las donaciones recibidas, discernid siempre con un apropiado sensus Ecclesiae la distribución de los fondos, para sostener las estructuras y los proyectos que, de distintos modos, realizan la misión apostólica y el anuncio del Evangelio en las distintas partes del mundo”.

8) “Por lo que respecta a los pobres, no os olvidéis de ellos tampoco vosotros”, ya que, las obras de caridad espirituales y corporales “hacia ellos manifiestan una ‘preferencia divina’ que interpela la vida de fe de todo cristiano, llamado a tener los mismos sentimientos de Jesús”.

9) “Las OMP, con su red difundida por todo el mundo, reflejan la rica variedad del ‘pueblo con muchos rostros’ reunido por la gracia de Cristo, con su fervor misionero”. Además la relación especial que une a las OMP con el Papa y con la Iglesia de Roma “representa un recurso y un apoyo a la libertad, que ayuda a todos a sustraerse de modas pasajeras, de servilismos a escuelas de pensamiento unilateral o a homogeneizaciones culturales con características neocolonialistas; fenómenos que, por desgracia, se dan también en contextos eclesiásticos”.

10) “Las OMP no son en la Iglesia un ente independiente, suspendido en el vacío”, por eso, “os pido que el carácter distintivo de vuestra cercanía al Obispo de Roma sea precisamente este: compartir el amor a la Iglesia, reflejo del amor a Cristo, vivido y manifestado en el silencio, sin jactarse, sin delimitar el “terreno propio”; con un trabajo cotidiano que se inspire en la caridad y en su misterio de gratuidad”

Concluye el Papa su carta invitando a todos los que trabajan y colaboran con las Obras Misionales Pontificias a ir “con ardor: en el camino que os espera hay mucho que hacer”, y recordando una frase de San Ignacio de Loyola: “preocupaos de hacer bien vuestro trabajo, ‘como si todo dependiese de vosotros, sabiendo que, en realidad, todo depende de Dios’”.