“Os manifiesto un vivo sentimiento de gratitud por la labor de sensibilización misionera del Pueblo de Dios” discurso del Papa Francisco a los directores nacionales de OMP reunidos en la Asamblea General de Obras Misionales Pontificias 2018

 

Señor Cardenal, queridos hermanos y hermanas,

Os doy la bienvenida con alegría con ocasión de vuestra Asamblea General y os saludo a todos cordialmente. Agradezco al Cardenal Filoni sus palabras introductorias, y saludo al nuevo Presidente de las Obras Misionales Pontificias, Mons. Giampietro Dal Toso, que por primera vez participa en vuestro encuentro anual. A todos os manifiesto un vivo sentimiento de gratitud por la labor de sensibilización misionera del Pueblo de Dios y os aseguro mi recuerdo en la oración.

Tenemos ante nosotros un camino interesante: la preparación del Mes Misionero Extraordinario de octubre de 2019, que he querido convocar en la pasada Jornada Mundial de las Misiones del año 2017. Os animo a vivir esta fase de preparación como una gran oportunidad para renovar el compromiso misionero de toda la Iglesia. Y es también una ocasión providencial para renovar nuestras Obras Misionales Pontificias. Las cosas siempre se deben renovar: renovar el corazón, renovar las obras, renovar las organizaciones, porque, si no, acabaremos todos en un museo. Debemos renovarnos para no acabar en el museo. Conocéis bien mi preocupación por el peligro de que vuestra labor se reduzca a la mera dimensión monetaria de la ayuda material – esta es una verdadera preocupación – transformándoos en una agencia como tantas otras, que incluso tienen inspiración cristiana. No es esto lo que los fundadores de las Obras Pontificias y el Papa Pío XI querían cuando las hicieron nacer y las organizaron al servicio del Sucesor de Pedro. Por eso he vuelto a proponer como actual y urgente, para la renovación de la conciencia misionera de toda la Iglesia hoy, una gran y valiente intuición del Papa Benedicto XV, contenida en su Carta apostólica Maximum illud: la necesidad de recalificar evangélicamente la misión de la Iglesia en el mundo.

Este objetivo común puede y debe ayudar a las Obras Misionales Pontificias a vivir una comunión de espíritu, de colaboración recíproca y de apoyo mutuo. Si la renovación tiene que ser auténtica, creativa y eficaz, la reforma de vuestras Obras consistirá en una refundación, una recalificación según las exigencias del Evangelio. No se trata simplemente de repensar las motivaciones para hacer mejor lo que ya hacéis. La conversión misionera de las estructuras de la Iglesia exige santidad personal y creatividad espiritual. No solo renovar lo viejo, sino permitir que el Espíritu Santo cree lo nuevo, haga nuevas todas las cosas. Él es el protagonista de la misión: es Él el “jefe de oficina” de las Obras Misionales Pontificias. Es Él, no nosotros. No tengáis miedo de las novedades que vienen del Señor Crucificado y Resucitado: estas novedades son hermosas. Debéis tener miedo de las otras novedades: ¡estas no valen! Las que no vienen de allí. Sed audaces y valientes en la misión, colaborando con el Espíritu Santo siempre en comunión con la Iglesia de Cristo. Y esta audacia significa ir con la valentía, con el fervor de los primeros que anunciaron el Evangelio. Vuestro libro habitual de oración y de meditación deben ser los Hechos de los Apóstoles. Ir allí a encontrar la inspiración. Y el protagonista de ese libro es el Espíritu Santo.

¿Qué puede significar para vosotros, Obras Pontificias, que junto a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos estáis preparando el Mes Misionero Extraordinario, qué puede significar recalificar evangélicamente? Creo que significa simplemente una conversión misionera. Tenemos necesidad de recalificarnos – la intuición de Benedicto XV – de recalificarnos a partir de la misión de Jesús, recalificar el esfuerzo de recogida y distribución de ayudas materiales a la luz de la misión y de la formación que esto requiere, de manera que conciencia y responsabilidad misionera vuelvan a formar parte del vivir ordinario de todo el santo Pueblo fiel de Dios.

“Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo”. Este es el tema que hemos elegido para el Mes Misionero de octubre de 2019. Subraya que el envío a la misión es una llamada innata en el Bautismo y es de todos los bautizados. Así la misión es envío para la salvación que actúa la conversión del enviado y del destinatario: ¡nuestra vida es, en Cristo, una misión! Nosotros mismos somos misión porque somos amor de Dios comunicado, somos santidad de Dios creada a su imagen. La misión es por tanto santificación nuestra y del mundo entero, desde la creación. La dimensión misionera de nuestro Bautismo se traduce así en testimonio de santidad que da vida y belleza al mundo.

La renovación de las Obras Misionales Pontificias significa tomarse en serio, con compromiso serio y valiente, la santidad de cada uno y de la Iglesia como familia y comunidad. Os pido que renovéis con creatividad la naturaleza y la acción de las Obras Misionales Pontificias, poniéndolas al servicio de la misión, para que en el corazón de nuestras preocupaciones esté la santidad de la vida de los discípulos misioneros. De hecho, para poder colaborar a la salvación del mundo, es necesario amarlo y estar dispuestos a dar la vida sirviendo a Cristo, único Salvador del mundo. Nosotros no tenemos un producto que vender – aquí no tiene nada que ver el proselitismo, no tenemos un producto que vender -, sino una vida que comunicar: Dios, su vida divina, su amor misericordioso, su santidad. Y es el Espíritu Santo el que nos envía, nos acompaña, nos inspira: es Él el autor de la misión. Es Él quien lleva adelante la Iglesia, no nosotros. Ni siquiera la institución Obras Misionales Pontificias. ¿Le dejo a Él – podemos preguntarnos, – le dejo a Él que sea el protagonista? ¿O quiero domesticarlo, enjaularlo, en tantas estructuras mundanas que, al final, nos llevan a concebir las Obras Misionales Pontificias como una firma, una empresa, una cosa nuestra, pero con la bendición de Dios? No, esto no va. Debemos hacernos esta pregunta, ¿dejo que sea Él o lo enjaulo? Él, el Espíritu Santo, hace todo; nosotros solo somos sus siervos.

Como bien sabéis, durante el octubre de 2019, Mes Misionero Extraordinario, celebraremos el Sínodo para la Amazonia. Acogiendo las preocupaciones de muchos fieles, laicos y pastores, he querido que nos encontremos para rezar y reflexionar sobre los desafíos de la evangelización de estas tierras de la América Meridional en las que viven importantes Iglesias particulares. Creo que esta coincidencia nos ayudará a tener fija nuestra mirada en Jesucristo al afrontar problemas, desafíos, riquezas y pobrezas; nos ayudará a renovar el compromiso de servicio al Evangelio para la salvación de los hombres y de las mujeres que viven en aquellas tierras. Recemos para que el Sínodo para la Amazonia pueda recalificar evangélicamente la misión también en esta región del mundo tan probada, explotada injustamente y necesitada de la salvación de Jesús.

María, cuando fue a ver a Isabel, no lo hizo como un gesto propio, sino como misionera. fue como una sierva de aquel Señor que llevaba en el seno: de sí misma no dijo nada, solo llevó al Hijo y alabó a Dios. Es verdad una cosa: iba con prisa. Ella nos enseña esta prisa fiel, esta espiritualidad de la prisa. La prisa de la fidelidad y de la adoración. No era la protagonista, sino la sierva del único protagonista de la misión. Que esta imagen nos ayude. Gracias.

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