LA EXPERIENCIA VOCACIONAL MISIONERA

Felícitas Martín Fernández

Delegada Diocesana de Misiones y Directora Diocesana de OMP Bilbao

En su Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones, el Domund, el papa Francisco nos recuerda que el camino misionero de toda la Iglesia continúa. Venimos de un Mes Misionero Extraordinario que nos ha empujado a ser novedosos, creativos, impulsores y motivadores de la vocación misionera, hoy más necesaria que nunca; a ser enviados como testigos del amor de Dios al mundo y a todos los pueblos:

En este contexto, la llamada a la misión, la invitación a salir de nosotros mismos por amor de Dios y del prójimo se presenta como una oportunidad para compartir, servir e interceder” (n. 2).

Cuántas veces nos dicen los misioneros y misioneras esto mismo: su vocación misionera los ha llevado a hacer causa común con un pueblo, y en muchas ocasiones los ha llevado también hasta las últimas consecuencias. Es lo que el Papa llama “pertenencia de hermanos” (Momento extraordinario de oración, 27-3-2020), sentirnos y ser hermanos allí donde estemos.

La cita que enmarca esta Jornada del Domund y este Octubre Misionero, “Aquí estoy, envíame”, está entresacada de un relato más extenso de vocación, la del profeta Isaías (cf. Is 6,1-13). Este texto recoge la experiencia de toda una vida y presenta el retrato completo de la misión de una persona.

En esta experiencia vocacional podemos identificar cuatro elementos que el Papa deja entrever en su Mensaje: 1) Una experiencia fuertemente sentida de la grandeza de Dios y, a la vez, de su cercanía. 2) Una interpelación personal, que le viene de fuera de él mismo y que solicita su disponibilidad para una misión. 3) La réplica espontanea de quien se siente abrumado, y a la vez libre, ante tan importante misión. 4) La confirmación y garantía de que no va a estar solo, porque Dios estará con él.

Fijemos ahora la atención en algunas frases del texto de Francisco.

La misión, la «Iglesia en salida» no es un programa, una intención que se logra mediante un esfuerzo de voluntad. Es Cristo quien saca a la Iglesia de sí misma. En la misión de anunciar el Evangelio, te mueves porque el Espíritu te empuja y te trae” (n. 4).

Destaca el papa Francisco que esto no será posible si no ponemos de nuestra parte; nos pide “nuestra disponibilidad personal para ser enviados, porque Él es Amor” (n. 3), y nos anima diciendo: “Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo” (EG 49). Sus palabras son un reclamo y nos infunden ánimo también para esta Jornada misionera que vamos a celebrar.

Para que esto se pueda sostener, el Santo Padre nos recuerda que necesitamos vivir una relación personal de amor con Jesús vivo en su Iglesia. Dejémonos acoger y sorprender por Él, acojamos su luz y seamos luz para otras personas.

“Esta disponibilidad interior es muy importante para poder responder a Dios: «Aquí estoy, Señor, mándame» (cf. Is 6,8). Y todo esto no en abstracto, sino en el hoy de la Iglesia y de la historia” (n. 6).

“La oración, mediante la cual Dios toca y mueve nuestro corazón, nos abre a las necesidades de amor, dignidad y libertad de nuestros hermanos, así como al cuidado de toda la creación” (n. 7).

Necesitamos ser testigos que hagan visible, y por eso, creíble, al Dios de Jesús. Acoger la luz que su vida nos ofrece y dejar crecer en nosotros el deseo de cultivar las actitudes que este tiempo de tormenta reclama, para vivirlas al estilo de Jesús.

Necesitamos acoger la realidad con verdad y esperanza. Ser mano tendida para aquellos a quienes las olas zarandean y envuelven. Así seremos creíbles y mostraremos que el Dios amor sigue vivo en la historia, a pesar de la noche, la tormenta, el caos.

Jesús nos interpela, se continúa preguntando a quién enviar al mundo y a cada pueblo para testimoniar su amor, y nos sigue llamando: “Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (cf. Mt 9,35-38)

Que este mes misionero de octubre lo vivamos como una invitación y un desafío para cada uno de nosotros, para ayudar a hacer posible el cambio que queremos para el mundo, empezando por uno mismo. Las siguientes palabras del obispo auxiliar de Bangassou, Mons. Jesús Ruiz, nos pueden animar y motivar a ello:

“La opción misionera ad gentes comporta toda la vida; es una cuestión de amor, y en el amor no valen experiencias. El amor exige fidelidad hasta el final: aquí y allá. De esto han hablado y siguen hablando los 70 millones de mártires por causa de Jesús de Nazaret. Aquellos que fueron desgastando sus vidas en silencio: «No hay mayor amor que dar la vida por aquellos que se ama».

La misión ad gentes es, ante todo, una expresión de la gratuidad de Dios. Dios se da, se entrega sin pedir nada a cambio… La misión es darse.

La misión ad gentes conlleva una actitud de salida… Salir hacia las fronteras de la humanidad: la guerra, el hambre, la explotación…

Otra característica de este tipo de misión es la opción por los más pobres. Se trata de compartir vida y destino con aquellos que no cuentan, aquellos que no son noticia” (Mundo Negro, n. 658).

Concluimos con otra frase del papa Francisco:
“La celebración de la Jornada Mundial de las Misiones también significa reafirmar cómo la oración, la reflexión y la ayuda material de sus ofrendas son oportunidades para participar activamente en la misión de Jesús en su Iglesia” (n. 8).

Ojalá captemos este Mensaje y nos dejemos asombrar y alcanzar por él. Que sepamos descubrir en todo momento la importancia de saber interpretar los signos de cada tiempo y encontrar en ellos el actuar amoroso del Dios cuya palabra se transforma en fuerza liberadora cuando le dejamos que nos hable al corazón.