OMPRESS-LEÓN (14-11-19) El Mes Misionero Extraordinario tuvo en la diócesis de León como referencias tanto a las dos mártires Agustinas Misioneras, asesinadas en Argelia, Caridad Álvarez y Esther Paniagua, esta última originaria de la localidad leonesa de Izagre, como a dos grandes misioneros que las precedieron Fray Bernardino de Sahagún y el Padre Segundo Llorente.

En homenaje a las dos beatas mártires, los más de setecientos integrantes de la comunidad educativa del Colegio San José Agustinas recorrían en peregrinación las calles de la ciudad de León hasta llegar a la Plaza de Regla. Fue el día 23 de octubre. En esa fecha, el año 1994, fueron asesinadas en Argel, cuando acudían a la misa dominical, en el domingo del DOMUND de aquel año. La peregrinación se coronaba con una oración comunitaria frente a la hermosa catedral de León.

También se ha recordado a dos figuras misioneras importantes para la diócesis de León, Fray Bernardino de Sahagún y el Padre Segundo Llorente. Una conferencia titulada “Dos misioneros, dos visiones” fue precisamente el broche de oro del Mes Misionero Extraordinario en la diócesis. El profesor y estudioso Argimiro Maraña fue el encargado de trazar los rasgos de la vida y el testimonio de Fray Bernardino de Sahagún (1499-1590), con su entrega al servicio de la misión en el México de la etapa colonial en conexión plena con las poblaciones indígenas desde un aspecto tan determinante como el de la lengua. “Desde su espiritualidad franciscana, Fray Bernardino quería a los suyos, a los miles de indios con los que se encontró, pero quería superar lo anterior; aprovecha todo y como misionero propone el camino de la fe y para ello estudia las lenguas mexicanas”, señaló Argimiro Maraña.

El profesor José Román Flecha presentó, por su parte, la figura, verdaderamente atrayente, de Segundo Llorente (1906-1989), el jesuita leonés que evangelizó Alaska y de quien dijo que “como el Fray Bernardino, el Padre Llorente fue un antropólogo, un misionero que recorre grandes extensiones sobre los hielos, que conoce a las personas que le han sido encomendadas y vive con una cultura que sabe interpretar y a la que lleva la fe y los sacramentos”. Además sus miles de crónicas, cartas y artículos describiendo la vida y anécdotas esquimales, que se publicaban en revistas de la época y que se recopilaron en libros, fueron un acicate misionero para la sociedad española de la época, convirtiéndolo en un gran animador del mundo misionero.