OMPRESS-REPÚBLICA CENTROAFRICANA (11-09-20) Lo denuncian los obispos del país preocupados por la proliferación de armas, grupos armados y mercenarios que saquean los recursos minerales del país. El título de la Carta Pastoral de los obispos es “¡Deja ir a mi pueblo!”, como si la población del país, entre tanta violencia, viviera con la opresión de los antiguos israelitas en Egipto. La han presentado tres meses antes de las elecciones presidenciales y parlamentarias previstas para el 27 de diciembre.

Los obispos constatan “con amargura que el 70%, o incluso el 80%, de nuestro país está ocupado por grupos armados, algunos de los cuales están liderados por atroces mercenarios”. Como comerciantes de guerra, la presencia de mercenarios no ayuda a las perspectivas de paz en el país. Solo están interesados, dicen los obispos, en el saqueo a gran escala de los recursos minerales del país. Los grupos armados “están involucrados en crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, crímenes ambientales y saqueos a gran escala de nuestros recursos minerales. Han cometido crímenes sangrientos contra personas inocentes en Bocaranga, Bohong, Bozoum, Besson, Bouar, Birao, Ndélé, Bria, Lemouna, Koudjili” denuncia el documento. Además denuncian que estos grupos se están “fortaleciendo, reclutando nuevos combatientes y aumentando las reservas de armas y municiones”. Los señores de la guerra obtienen dividendos del acuerdo político por la paz y la reconciliación, aprovechando las concesiones que les ofrecen, es decir, plena libertad de movimiento. “Han impuesto el comercio de guerra, un modelo económico basado en la sangre humana”.

Tras el golpe de estado de marzo de 2013, la República Centroafricana se dotó de instituciones democráticas, en marzo de 2016, mediante la votación y las elecciones se redactó una nueva Constitución, y en la carta se menciona el Acuerdo Político por la Paz y la Reconciliación (APPRCA), suscrito por 14 grupos armados con el gobierno, en 2019. Nada se ha logrado y, relatan los obispos, da miedo, al viajar por el país el encontrarse con pueblos enteros abandonados o incendiados.

“La República Centroafricana es un país en crisis, en un período delicado de su historia, que requiere un liderazgo sabio y valiente, humanista y responsable ante los desafíos nacionales, regionales, continentales e internacionales”, escriben los obispos. Piden fortalecer la Autoridad Electoral Nacional y evitar injerencias. Entre las prioridades con las que deben comprometerse todas las partes se encuentran la “unidad nacional”, el “respeto de los derechos humanos”, la “justicia social y reparación de las víctimas” y la cooperación internacional. Como parte de este proceso de reconstrucción electoral y estatal, los actores internacionales están llamados a ser “neutrales, imparciales, honestos e independientes”.

Piden a los católicos que tengan un comportamiento ejemplar y no ceder a la división, al incivismo y a la corrupción. Y rinden un homenaje conmovedor a las mujeres centroafricanas, que se han mantenido firmes en medio de tanta violencia: “Sois el vientre bendito de Dios, madres adoptivas de la sociedad, verdaderos actores decididos de la paz. Sin su compromiso cívico, moral y espiritual continuo con sus familias, liderazgo político, económico y social, nuestro país carecería de humanidad para liderar el destino común”.