OMPRESS-GRECCIO (ITALIA) (3-12-18) El Papa Francisco se desplazaba en la tarde de este pasado domingo al Santuario franciscano de Greccio, en la diócesis de Rieti. En este singular marco, en la cueva de Greccio donde, el lugar donde San Francisco puso por primera vez un belén, se dio lectura e hizo pública la Carta Apostólica Admirabile Signum. Una sencilla carta del Papa sobre el significado y el valor de la hermosa tradición del belén.

“Es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura”, dice el Papa en la carta. Por ello, quisiera “alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas…”. En aquel belén de la Navidad de 1223, el primero, “San Francisco realizó una gran obra de evangelización con la simplicidad de aquel signo. Su enseñanza ha penetrado en los corazones de los cristianos y permanece hasta nuestros días como un modo genuino de representar con sencillez la belleza de nuestra fe”.

“¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve?”, se pregunta el Papa, “en primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida”. Y es que es “una invitación a ‘sentir’, a ‘tocar’ la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación. Y así, es implícitamente una llamada a seguirlo en el camino de la humildad, de la pobreza, del despojo, que desde la gruta de Belén conduce hasta la Cruz. Es una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados”. Por eso “¡Cuánta emoción debería acompañarnos mientras colocamos en el belén las montañas, los riachuelos, las ovejas y los pastores! De esta manera recordamos, como lo habían anunciado los profetas, que toda la creación participa en la fiesta de la venida del Mesías”. Hace el Papa un breve recorrido por los personajes, sobre todo María y José, sin olvidar a las figuras que, sin “tener relación alguna con los relatos evangélicos”, en muchas ocasiones añaden al portal los niños, pero que son aceptables porque “en este nuevo mundo inaugurado por Jesús hay espacio para todo lo que es humano y para toda criatura”.

“Contemplando esta escena en el belén”, escribe el Papa Francisco, “estamos llamados a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador. Cada uno de nosotros se hace portador de la Buena Noticia con los que encuentra, testimoniando con acciones concretas de misericordia la alegría de haber encontrado a Jesús y su amor”.

“En cualquier lugar y de cualquier manera”, añade, “el belén habla del amor de Dios, el Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición”. El belén “forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe. Comenzando desde la infancia y luego en cada etapa de la vida, nos educa a contemplar a Jesús, a sentir el amor de Dios por nosotros, a sentir y creer que Dios está con nosotros y que nosotros estamos con Él, todos hijos y hermanos gracias a aquel Niño Hijo de Dios y de la Virgen María. Y a sentir que en esto está la felicidad. Que en la escuela de san Francisco abramos el corazón a esta gracia sencilla, dejemos que del asombro nazca una oración humilde: nuestro “gracias” a Dios, que ha querido compartir todo con nosotros para no dejarnos nunca solos”.