La fuerza transformadora del Evangelio es palpable donde han llegado los misioneros. Los católicos saben que el cambio del mundo es posible.

 

El Domund está aquí para recordárnoslo. Como cada año, el mes de octubre nos dice que la misión evangelizadora de la Iglesia sigue estando viva en cada rincón del mundo. Los discípulos misioneros no han olvidado el mandato del Señor de anunciar la Buena Noticia a todos los pueblos. Miles de misioneros (unos 12.000 españoles) siguen llevando esperanza a los últimos, a los que no cuentan para el mundo, pero que son los preferidos de Dios.

La Jornada del Domund es un día para la generosidad. Generosidad en nuestra oración, porque al menos por un día seremos capaces de cambiar el “Señor, dame…” por el  “Señor, dales…”. En el Domund, nuestra oración se vuelve “universal”: se eleva para pedir por la misión “ad gentes”, por los misioneros y por los hombres y mujeres que todavía no conocen el Evangelio.

La Jornada del Domund es también un día para ser generosos con nuestros bienes, que estamos llamados a compartir con los que más lo necesitan. La colecta del Domund significa mucho más que poner unas monedas en una hucha: es el signo de que el mundo nos importa, es nuestra modesta pero imprescindible colaboración con la obra misionera de la Iglesia. Significa también que apoyamos al Papa para que él distribuya nuestras ayudas entre las iglesias más pobres, que están bajo su cuidado. Porque la colecta del Domund no es para tal o cual institución o misión particular, sino para la misión universal de la Iglesia que OMP sostiene por encargo de la Santa Sede.

Si crees en el cambio del mundo que propone el Evangelio, este Domund es para tí ¡Colabora con un donativo!

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