OMPRESS-MADRID (13-01-20) El próximo 26 de enero se celebra la Jornada de Infancia Misionera con el lema “Con Jesús a Egipto ¡En marcha!”. El cartel de este año es un verdadero icono de la Sagrada Familia (para descargarlo: Cartel), mostrando un dibujo de los tres protagonistas y la mula.

Egipto es el segundo lugar en el recorrido geográfico de los lugares de Jesús niño, tras “Con Jesús a Belén ¡Qué buena noticia!” del año pasado. Evocaciones del Jesús niño que no se reducen a la jornada y que abanderan la propuesta pedagógica de las Obras Misionales Pontificias que, en un ciclo de cuatro años, presenta a los más pequeños la vida de quien, siendo Hijo de Dios, fue un niño como ellos. De Belén se pasa ahora a Egipto y, en los dos próximo años, se llegará a Nazaret y a Jerusalén.

En el cartel “Con Jesús a Egipto ¡En marcha!”, se contempla cómo, en medio de la huida, los ojos de Jesús y María se vuelven, agradecidos, hacia José, que ha sabido afrontar incertidumbres y peligros desde la obediencia a Dios. Contemplar al custodio de la Sagrada Familia y de la Iglesia, repasando la homilía del Papa Francisco al inicio de su pontificado (19-03-2013), puede dar valiosas claves de espiritualidad misionera.

En el horizonte se ven las pirámides, expresando la entrada de estos “santos forasteros” en una cultura desconocida para ellos. Este telón de fondos sugiere la inculturación que viven los misioneros, expresión de su entrega a la misión, a la cual, como la Sagrada Familia, han de ir ligeros de equipaje.

No hay que olvidarse de la mula, que acompaña a la Sagrada Familia y que ha sido protagonista en la sección de “los recuerdos de la mula” en la revista Gesto. La revista de los pequeños misioneros ha recogido las impresiones de este curioso animal, en Belén y ahora atravesando el desierto, camino de Egipto: “… cuando miraba hacia atrás, esperando ver las marcas de mis herraduras, y sólo veía arena y más arena, sin rastro de las huellas…”.

Jesús Niño, refugiado en Egipto, vive en carne propia el sufrimiento y la injusticia que afligen a los más débiles. Desde su infancia, Jesús conoce la oposición y la persecución, y manifiesta cómo Dios opta por los pequeños haciéndose uno de ellos.