OMPRESS-BRASIL (18-11-19) En una nota hecha pública la semana pasada el CIMI, el Consejo Indígena Misionero de la Iglesia brasileña, denunciaba que está en curso el exterminio planeado de los pueblos indígenas libres o en aislamiento voluntario de Brasil.

Según los datos recopilados entre enero y noviembre de este año por el CIMI y recogidos en el “Informe sobre la violencia contra los pueblos indígenas en Brasil”, han sido invadidas 21 tierras indígenas. Invasiones que llevan a cabo madereros, acaparadores de tierras, cazadores… El CIMI denuncia que en Brasil se está quitando competencias a la Fundación Nacional India (Funai), que, hasta la fecha, ha defendido desde instancias de la administración y del gobierno brasileño las demarcaciones indígenas. Con este abandono y con la falta de intervención del gobierno ante la violación de estas tierras se está produciendo en la práctica que estos pueblos desaparezcan.

Una vez que la dejadez y falta de intervención ante estas invasiones ha minado las demarcaciones indígenas y la protección que la misma constitución brasileña da a los pueblos indígenas, denuncia el CIMI, se dan las condiciones para el acaparamiento de tierras por parte de los propietarios de grandes producciones agrícolas, y para que las empresas promuevan el saqueo de la riqueza natural de estas zonas.

En la Tierra Indígena (AM) Vale do Javari, la zona con el mayor número de pueblos indígenas aislados en de Brasil, desde diciembre de 2018 hasta la fecha se ha informado de cinco ataques con disparos contra la Base de Protección Etnoambiental Itui-Itacoaí Unión de Naciones Indígenas del Valle de Javari (Univaja) y confirmada por empleados de Funai que trabajan en estas bases.

En septiembre de este año, el servidor de Funai, Maxciel Pereira dos Santos, fue asesinado en Tabatinga, Amazonas, probablemente debido a su trabajo de vigilancia en la base del río Ituí-Itacoaí. Además, misioneros fundamentalistas, entre ellos muchos extranjeros, entran en el Valle do Javari sin el permiso de los pueblos indígenas, y hacen caso omiso de las medidas de protección de Funai, poniendo en riesgo la supervivencia de estos pueblos aislados.

El guardián forestal Paul Paulino Guajajara fue abatido a tiros el 1 de noviembre en una emboscada por invasores dentro de la Tierra Indígena (MA) de Arariboia, habitada por el pueblo guajajara y grupos aislados Awá-Guajá. La tierra indígena ha sufrido la invasión de madereros y cazadores durante años. Son individuos que se sienten cómodos atacando a los pueblos indígenas dentro de sus tierras y son una gran amenaza para los grupos aislados.

Desde el CIMI recuerdan que el documento final del Sínodo para la Amazonia señalaba que “la codicia por la tierra está en la raíz de los conflictos que conducen al etnocidio, así como al asesinato y la criminalización de los movimientos sociales y de sus dirigentes. La demarcación y protección de la tierra es una obligación de los Estados nacionales y de sus respectivos gobiernos”.