OMPRESS-MYANMAR (2-03-21) En la portada de ayer de L’Osservatore Romano, el periódico de la Santa Sede, aparece la hermana Ann Nu Thawng de rodillas ante toda una pared de policías antidisturbios, rogándoles que se detuvieran. Ha sido el día más sangriento para Myanmar, desde que comenzara la protesta de la población birmana contra el golpe militar del 1 de febrero. En esta situación, la hermana Ann, religiosa de la Orden de San Francisco Javier, una congregación de fundación birmana, ha salido de su convento para pedir a la policía: “en el nombre de dios, perdonad estas jóvenes vidas; tomad la mía”. Hasta ahora había permanecido dentro de los muros de su convento, apoyando con silencio, oración y estímulo espiritual a los muchos jóvenes que se manifestaban por las calles pidiendo libertad y democracia.

En Myitkyina, la capital del estado de Kachin, un territorio donde los cristianos son alrededor de un tercio de la población, cuenta el periódico vaticano que los manifestantes han estado tomando las calles estas semanas. Ayer se agudizó el enfrentamiento y al menos 50 jóvenes fueron detenidos en la ciudad. La policía ha utilizado además granadas paralizantes y gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes, que organizaron dos marchas separadas en la plaza, una por la mañana y otra por la tarde. Esta última manifestación ha pasado por el convento católico de San Columbano, donde viven las hermanas de San Francisco Javier, que dirigen, al lado de este convento, un dispensario y una pequeña clínica para los enfermos más necesitados. Ha sido en ese momento cuando los disparos, el humo, los gritos de los presentes han hecho salir a las religiosas que han sido testigos de escenas de violencia y golpes. Ante el riesgo de que se derramara sangre inocente, la hermana Ann ha dicho “Caritas Christi urget nos”, ha abierto la puerta, ha salido a la calle y se ha dirigido directamente hacia los antidisturbios. Luego se ha puesto de rodillas, ha levantado las manos hacia Dios y ha suplicado que pararan. El gesto ha dejado a los policías descolocados y ha detenido su avance.

Los testigos presenciales cuentan que los policías, también ellos jóvenes, no han tenido fuerzas para seguir. La valentía de la hermana Ann ha permitido que al menos un centenar de manifestantes se refugiaran en el convento, mientras que más de 40 heridos han sido trasladados a la clínica contigua, donde han recibido primeros auxilios. El enfrentamiento, que podría haberse convertido en tragedia, ha cesado en el acto. Yadanar Myat Ko, una de las chicas que ha encontrado refugio en el convento, cuenta que se han salvado “gracias a la intervención milagrosa de la hermana. Es una verdadera heroína. Le debemos la vida”. Y Joseph Myat Soe Lat, otro testigo ocular ha dicho que “sólo con su sincera súplica, la hermana Ann ha logrado frenar a los soldados que se cebaban con los jóvenes. Es un modelo para la Iglesia en todo Myanmar. Y, tras calmar los ánimos, ha corrido a curar a los heridos”.