OMPRESS-BURKINA FASO (11-07-19) Fue el 12 de mayo. Seis cristianos fueron asesinados en el pueblo de Dablo en Burkina Faso. El padre Lambert Sawadogo cuenta a las Obras Misionales Pontificias de Austria lo que hicieron todos los fieles católicos de esa localidad el domingo siguiente al ataque.

El sacerdote burkinés cuenta cómo estaban todos celebrando el domingo “cuando escuchamos las tristes noticias del ataque a la iglesia de Dablo. 40 jihadistas llegaron en motocicletas y rodearon la iglesia parroquial mientras la comunidad cantaba la Gloria. La masacre posterior llevó la muerte a seis cristianos, incluido el sacerdote, que celebraba la misa. Luego incendiaron la sacristía, profanaron la iglesia y se dispararon contra el tabernáculo en presencia del Santísimo Sacramento”. La Iglesia de Burkina celebró como “mártires de la fe” a los seis cristianos asesinados, Jacques (56), Maurice (78), Michel (21), Paul (60), Robert (43) y al padre Siméon (34). Todos fueron enterrados en Dablo al día siguiente, el 13 de mayo, y muchas personas de todas las religiones asistieron al funeral. Desgraciadamente, esa misma noche, otros cuatro cristianos que regresaban de una procesión mariana fueron asesinados a tiros en un pueblo cercano, en la diócesis de Ouahigouya.

El padre cuenta que “miles de personas han huido desde que los ataques comenzaron a principios de este año. Algunas aldeas están desiertas, los campamentos de refugiados y otras zonas, en cambio, están superpobladas. Tanto los maestros como los alumnos son vistos por los yihadistas como enemigos. Esto se debe a que las escuelas funcionan con un modelo europeo y no se enseñan ni árabe ni el islam. Varias escuelas fueron incendiadas y los maestros asesinados. Muchas escuelas en áreas de alto riesgo han sido cerradas desde entonces”

En medio de este ambiente resulta conmovedor cómo “el domingo después de la tragedia, toda la comunidad de Dablo se reunió en la iglesia. Por supuesto, no hubo misa porque el sacerdote estuvo ausente por razones de seguridad, pero la gente se reunió y oró. ¡Esto es un signo de coraje y que el miedo no ha triunfado!”. Y es que, explica, “la Iglesia católica en Burkina Faso siempre ha sido como una madre que quiere el bienestar de sus hijos. Para lograr este bienestar se dedica a la educación, al desarrollo del hombre, a la justicia y a la paz. La Iglesia respeta a los demás y es respetada. A pesar de la situación actual, ella está cumpliendo su papel como madre, pacificadora y como conciencia”.

Y concluye el padre Lambert: “La Iglesia no tiene ejército, sino un solo mensaje: ante la violencia, solo tenemos una respuesta, la que nuestro maestro nos ha enseñado y que está inspirada en nuestra fe: confianza en Dios, perdón y amor desinteresado. ¡Ama a tus enemigos! Haz bien a los que te odian”.