OMPRESS-VITORIA (5-10-20) Así lo afirma el obispo de Vitoria, Mons. Juan Carlos Elizalde, que añade, ante el día DOMUND de este próximo 18 de octubre que, a más dificultades, mayor espacio para la fraternidad, el ánimo y la creatividad”.

“‘Aquí estoy, envíame’. Es la respuesta siempre nueva a la pregunta del Señor: ‘¿A quién enviaré?’. Este año la pregunta resuena en una humanidad frágil, amenazada, vulnerable y más necesitada que nunca”, dice el obispo de Vitoria. Por eso, recuerda que el día del Domund que celebran las comunidades cristianas de todo el mundo tendrá sentido en la medida en que el mensaje de Jesús toque nuestras vidas.

“En este contexto, la llamada a la misión, la invitación a salir de nosotros mismos por amor de Dios y del prójimo se presenta como una oportunidad para compartir, servir e interceder. La misión que Dios nos confía a cada uno nos hace pasar del yo temeroso y encerrado al yo reencontrado y renovado por el don de sí mismo”, dice el Papa Francisco este año en su mensaje del Domund. No es momento de ceder al miedo, a la inseguridad y a la comodidad perezosa. Es momento de reencontrarnos con lo esencial de la fe y de nosotros mismos y de renovar nuestra entrega refrescando nuestro agradecimiento al Señor y a los hermanos. A más dificultades, mayor espacio para la fraternidad, el ánimo y la creatividad.

Acertar en la vida es dar con nuestra aportación, con nuestra mejor manera de colaborar. Eso es vivir vocacionalmente. En los momentos más duros de la pandemia, no todos hemos podido contribuir desde la medicina y la enfermería, pero todos hemos deseado actuar como profesionalmente vocacionados. Como quien tiene algo importante que aportar. ‘Dios tiene un plan para ti y para mí. Ser persona, ser cristiano, es admitir que, como hijos muy amados, Dios sueña un mundo de hermanos y una misión para cada persona. No hay nadie “dejado de la mano de Dios’. A todos Dios nos confía personas. No hay nadie sin vocación y no hay vocación sin ‘convocación’. Necesitamos la ayuda de los hermanos para dar con el sentido de nuestra existencia. Amando sacamos lo mejor de nosotros mismos y los hermanos nos indican cuál es la bendición que portamos, cuál es el ‘nombre que Dios nos ha puesto’, nos repetíamos en la presentación del III Plan Diocesano de Evangelización.

‘La misión es una respuesta libre y consciente a la llamada de Dios, pero podemos percibirla sólo cuando vivimos una relación personal de amor con Jesús vivo en su Iglesia. Preguntémonos: ¿Estamos listos para recibir la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, para escuchar la llamada a la misión, tanto en la vía del matrimonio como de la virginidad consagrada o del sacerdocio ordenado, como también en la vida ordinaria de todos los días? ¿Estamos dispuestos a ser enviados a cualquier lugar para dar testimonio de nuestra fe en Dios, Padre misericordioso, para proclamar el Evangelio de salvación de Jesucristo, para compartir la vida divina del Espíritu Santo en la edificación de la Iglesia? ¿Estamos prontos, como María, Madre de Jesús, para ponernos al servicio de la voluntad de Dios sin condiciones? Esta disponibilidad interior es muy importante para poder responder a Dios: ‘Aquí estoy, Señor, mándame’. Y todo esto no en abstracto, sino en el hoy de la Iglesia y de la historia”, dice el Papa en el corazón de su mensaje. En este sentido, me gustaría que la Diócesis de Vitoria se siguiera situando en clave vocacional. Seguir trabajando la línea 1 de nuestro III Plan Diocesano de Evangelización, ‘La diócesis, creadora de comunidad”, es dar con la vocación personal de cada uno. Ahora que palpamos tantos límites y restricciones, es momento de optimizar recursos y esfuerzos entregándonos desde nuestra identidad personal y comunitaria como bautizados, miembros de la Iglesia en la riqueza de sus múltiples vocaciones. Desde nuestras raíces y en estas circunstancias difíciles, seguimos siendo una Iglesia misionera volcada en las personas más vulnerables. En el día del Domund con toda la Iglesia, queremos pasar de la tentación de una pastoral de mantenimiento un tanto insolidaria a una pastoral de evangelización pobre y humilde pero alegre y apasionada. Hoy avivamos la certeza de que la misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo, porque yo soy una misión en esta tierra y para eso estoy’.

En esta Jornada Mundial de las Misiones renovamos nuestro compromiso de oración y de ayuda material y personal. Que Santa Maria, la Virgen Blanca, Nuestra Señora de Estíbaliz, nos siga guiando y acompañando”.