OMPRESS-LIBERIA (28-05-20) La ayuda llegada a la diócesis de Cape Palmas ha ido a ayudar a sacerdotes, religiosas y agentes pastorales a sobrevivir a la pandemia; viven al día en su cercanía al pueblo liberiano al que sirven. El mismo obispo de la diócesis, Mons. Andrew Karnley, solicitaba ayuda ante la situación que se vive en Cape Palmas. Esta diócesis se encuentra en el sureste de Liberia y cubre cinco de los quince condados en que está dividido el país. Es un área de 14.000 kilómetros cuadrados en la que viven cuatrocientas mil personas. La gente se dedica a la agricultura de subsistencia y a la pesca a pequeña escala a lo largo de la costa. A través de las 15 parroquias y de los innumerables puestos misioneros que dependen de ellas se han intentado ayudar a la gente, pero lo cierto es que los sacerdotes y las religiosas, tampoco tienen medios de subsistencia.

Precisamente fue este uno de los fines para los que se creó el Fondo de Emergencia de las Obras Misionales Pontificias, para ayudar a los que ayudan. En los cinco condados de la diócesis se ha informado de casos de covid-19. El sistema de salud es prácticamente inexistente, si se compara con países como España o Italia. En el sur del país no hay laboratorios y para certificar si un caso es positivo se debe enviar la muestra a Monrovia, a 640 kilómetros de distancia por carretera, en un viaje que puede tardar, en el mejor de los casos, más de 12 horas. La diócesis de Cape Palmas se encuentra situada a lo largo de la larga frontera de Liberia con Costa de Marfil. Aunque ambos países han cerrados sus fronteras, todavía hay movimientos de personas que pasan a través de una línea fronteriza apenas definida. Desde la Iglesia se intenta por todos los medios que la gente tome precauciones y evite en la manera de lo posible el contagio, pero es muy difícil.

Aún así, la preocupación de Mons. Andrew Karnley, al pedir ayuda para su diócesis, es más por el futuro. A medida que se acerca la temporada de lluvias en Liberia, los cinco condados que constituyen la diócesis de Cape Palmas experimentarán el problema que llevan sufriendo año tras año: se quedarán aislados del resto del país. Las carreteras se harán impracticables. Llevan años sin mantenimiento alguno. Esto hará imposible que los bienes y servicios entren y salgan de la región, así como el movimiento de personas. Una situación que siempre ha sido grave, pero que ahora con la cuarentena se vuelve dramática. La ayuda enviada y la que se le pueda hacer llegar más adelante les permitirán aprovisionarse para lo que se acerca.