OMPRESS-HUEHUETENANGO (GUATEMALA) (10-12-19) Este sábado era beatificado en Huehuetenango, Guatemala, el hermano James Miller. A él se refería el Papa Francisco durante el ángelus del domingo: “un religioso de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, asesinado en odio a la fe en 1982, en el contexto de la guerra civil. El martirio de este ejemplar educador de jóvenes, que ha pagado con la vida su servicio al pueblo y a la Iglesia guatemalteca, refuerce en esta querida nación procesos de justicia, de paz y de solidaridad. ¡Un aplauso al nuevo beato!”.

El nuevo beato nació en una familia de agricultores de Stevens Point, Wisconsin, en 1944. Se convirtió en religioso de la Salle, y se graduó en el St. Mary’s College, Winona, Minnesota. Partió a la misión con destino a Centroamérica y vivió la mayor parte de la década de los setenta en Nicaragua, donde dirigió un colegio de la Salle. Tras la llegada al poder de los sandinistas en 1979, tuvo que abandonar el país por su propia seguridad. Fue entonces cuando llegó a Huehuetenango en 1981, en medio de una guerra civil, con escuadrones de la muerte arrasando pueblos mayas y los soldados reclutando a los jóvenes a la fuerza. El hermano Miller conocía los riesgos. Escribió a casa en la Navidad de 1981: “El nivel de violencia contra las personas está alcanzando proporciones espantosas (asesinatos, torturas, secuestros, amenazas, etc.), y la Iglesia Católica está siendo perseguida debido a su opción por los pobres”. La carta continuaba: “Dios sabe por qué sigue llamándome a Guatemala, cuando algunos amigos y familiares me animan a salir por seguridad… pongo mi vida en su providencia; pongo mi confianza en Él”.

Los hermanos de la Salle tenían una relación tensa con los militares, por exigir la liberación de los indígenas que vivían en el internado “Casa Indígena” de los hermanos, que habían sido forzados a alistarse en el ejército. El 13 de febrero de 1982, mientras muchos de los jóvenes de la Casa Indígena asistían a un picnic en el Día de San Valentín, tres asaltantes dispararon al hermano Miller a plena luz del día, mientras estaba en una escalera, arreglando la pared exterior de la casa de huéspedes.

La celebración de su beatificación este sábado ha tenido lugar precisamente en los campos de deporte del mismo colegio al que dedicó sus últimos afanes y que sigue impartiendo educación a estudiantes de todo el altiplano occidental de Guatemala. Una zona de indígenas mayas y de la que muchos emigran, dadas las altas tasas de pobreza y desnutrición infantil. “La educación católica pertenece a la misión evangelizadora de la Iglesia”, señalaba el cardenal José Luis Lacunza, obispo de David, Panamá, que presidió la beatificación. “El trabajo pastoral del hermano Santiago lo consumió hasta el punto de ser asesinado. No hay nada que incomode más a los autoritarios, ya sea a la izquierda o a la derecha, ya sea de ayer o de hoy, que la educación. Es por eso que fueron tan inflexibles para suprimir la libertad de enseñar y para suprimir la educación misma, incluso si tuvieran que negar un derecho humano básico como el derecho de los padres a elegir la educación que desean para sus hijos”.