OMPRESS-FILIPINAS (9-06-20) Las parroquias de los Javerianos se encuentran entre las zonas pobres de Metro Manila, y los misioneros, como Francisco, están experimentando junto a sus parroquianos las dificultades y la pobreza que acompañan la pandemia en una zona tan vulnerable. El padre Francisco Beltrán, un javeriano mexicano, dice en una entrevista en la página web de su congregación cómo llevan adelante su misión en esta situación.

“Ahora trabajo como vicario parroquial en la parroquia de San Francisco Javier, diócesis de Novaliches, Metro Manila. Es una parroquia dirigida por los Misioneros Javerianos”, dice. “La situación es difícil porque muchas familias se han visto afectadas por el bloqueo”, – Filipinas ha sido uno de los países con la cuarentena más larga –, así aunque la reación del gobierno evitó que el virus se extendiera más, muchos perdieron su empleo. Los javerianos, en este periodo, intentaron llegar online a la comunidad con las celebraciones y, sobre todo, a través de la caridad y los servicios sociales. En la capilla, Inang Laging Saklolo, por ejemplo, se pudo ayudar a 220 familias con arroz y, a través de los “Líderes Pamayanan” (comunidades eclesiales de base) se ha llegado a las familias más vulnerables del barrio para facilitar artículos de primera necesidad.

“Muchas familias”, cuenta Francisco Beltrán, “sufren las consecuencias financieras del encierro. Algunos de ellos no están tan preocupados por infectarse con el virus como por encontrar algo de comer y mantener a sus familias. Me siento triste porque la necesidad de la gente es mayor que la caridad que la Iglesia o yo podemos brindar. Mientras distribuía las ayudas me fue difícil elegir a quién dar dejando atrás a muchas familias. Sin embargo, observé que algunas de las familias ayudadas compartían con sus vecinos lo recibido. Aunque tenían una necesidad extrema, pudieron compartir con los demás. Estoy impresionado también por el fuerte sentido de comunidad de los filipinos y la dedicación de los líderes de la Iglesia por ayudar a los más pobres de los pobres”.

El misionero dice que “la vida no será la misma después de esta experiencia. El futuro es incierto. El trabajo pastoral y nuestra forma de hacer misión también está cambiando, ahora somos más sensibles con nuestra presencia en Internet al evangelizar en la web, y estamos creando nuevas formas y programas de caridad para ayudar a nuestra gente”.