OMPRESS-MOZAMBIQUE (18-01-21) El misionero Pedro Antonio López, de la Orden de los Padres Somascos, está en Beira, Mozambique, en el hogar San Jerónimo de Beira, Mozambique. En esta entrevista cuenta cómo ayudan a los “meninos da rua”, la terrible realidad de los niños de la calle.

P. ¿Cuál es vuestra misión allí?

Básicamente nos dedicamos al mundo de la juventud abandonada, de los niños de la calle. Es un ambiente bastante difícil, porque hablamos de necesidades básicas: desde la alimentación -comen en la calle como pueden, a veces comiendo cosas poco recomendables caducadas o incluso algo peor-; también en los aspectos educativos y sanitarios. Entonces intentamos de alguna manera invitar a estos chavales, después de atender la parte alimentaria que es la más importante, encaminar en alguna manera la formación. Hay muchísimos que siguen planes de alfabetización y también en el ámbito de la salud. Luego como no pues también en técnicas de socialización, o de educación de comportamiento. Para esto tenemos el hogar el lugar San Jerónimo que sería residencia donde están esos que no tienen absolutamente a nadie de momento algún familiar o alguien detectado; y luego tenemos otro “Mateo 25” en Praia Nova, que es una zona de la ciudad de Beira dónde hay un comedor y si les hace un seguimiento. Solo que estos sí que pasa en la noche con algún familiar: a veces la abuela una señora de 70 años que apenas tiene para comer ella y cosas así. En fin es todo un reto y en este reto también va el Evangelio. Pequeñas catequesis encaminadas a dar a conocer a Jesús, su vida y su mensaje y bastante ellos terminan por pedir catequesis sacramentales. Esto son básicamente los aspectos que trabajamos aquí en Beira los padres somascos. Un chaval acaba en la calle por diferentes motivos. Puede ser que la madre se quedó viuda se juntó con otro señor o se casó con la condición de que renunciase a sus hijos y ese hijo pues acaba en la calle. Otras veces son también malos tratos, otras veces porque están con la abuela o una persona en una cierta edad donde apenas se puede mantener y la situación es difícil… Otras veces porque no son capaces de soportar también la disciplina de casa… Hay diferentes motivos pueden ser desde abandono hasta malos tratos.

P. ¿Cómo llegáis a ellos?

Pues muy simple porque están en la calle. Cuando vas por la calle, basta tener un poco de atención. Te empiezan a hablar, porque son generalmente chavales bastante abiertos. Por supuesto, como suele pasar con este mundo complicado de la calle, pues también hay la autodefensa de las mentiras y demás. Pero sí se ve una realidad que está detrás de todo esto que es patética, que es de sufrimiento. Aquí llegan por dos canales: primero es con una autorización de los servicios sociales, y el otro es la policía. Nosotros ponemos en conocimiento de los servicios sociales de la actuación que estamos teniendo, porque son los responsables directos de este tipo de actividades. Alguna vez nos visitan y nos ofrecen alguna vez alimentos, pero pocas veces. Ten en cuenta que aquí los servicios sociales no tienen nada que ver con los de Europa. No hay un seguimiento, no hay nada. Por prevención, por si aparece la familia y preguntan por ese chico, es bueno que la autoridad lo sepa, para que lo tengan registrado. Generalmente las autoridades se quedan tan tranquilas y felices, meten el nombre del chico en el registro y ya está.

P. Estos chicos tendrán heridas profundas y encuentran en vuestra casa una familia. ¿Cómo es esta evolución?

Tengo historias de gente que son ya graduados de universidad. Ahora mismo posiblemente en mayo se licencia uno en Derecho. Son chicos que en algunos casos llegaron aquí sin saber leer ni escribir, y con edades nada desdeñables de 12 y 13 años. Es decir, que perdieron todos los años de la escuela y empezaron tarde. No todos soportan el ambiente, porque tiene un mínimo de normas de disciplina: hay una hora para comer, otra de ir a la escuela… Adaptarse a unos horarios en muchos casos les cuesta mucho, porque están en la calle sin horarios. Van de aquí para allá, hacen lo que quieren: tienen hambre, comen; tienen sueño, duermen… Es un desorden tan sumamente grande que cuando entran en una cosa un poco regulada les cuesta trabajo. Algunos se marchan -dicen que prefieren la vida de la calle- y otros se quedan. La mayoría se quedan. De los que marcharon tengo casos de algunos que salieron de aquí y están limpiando coches en plazas. A algunos otros estamos ayudándoles a pagar los estudios, la escuela y el material escolar. Te hablan de cómo les va la vida y eso, solamente que ellos prefieren estar así, en la calle.

P. Escuchando el caso de futuro licenciado de Derecho… Se da una reconstrucción de la persona entera, ¿no?

Sí y él no es el único. Tenemos técnicos de enfermería, profesores, gente dedicada a administración pública… En fin hay un buen grupo de gente que consiguió la universidad. Pero sin llegar a la universidad, tenemos también de escuelas técnicas que dan muy buen resultado. No es que todo el mundo tenga que pasar por la universidad, ni mucho menos, hay otros que prefieren ganarse un oficio. Tenemos mecánicos, fontaneros, electricistas… El problema básico es que los servicios sociales no se hacen cargo de esta gente para nada. Cuando cumplen 18 años para ellos es la edad tope en la que pueden tenerles en un centro. En España el Estado se implica y ayuda a los centros después, ofrecen pisos tutelados… Es otro seguimiento. Aquí no, te coges a la persona hasta que la sitúas. Tú dime a mí: a un chaval de 18 años le mandas a la calle donde no tiene adónde ir, con una mano por delante y otra por detrás… Al final estás convirtiendo a esa persona en un delincuente, porque tiene que buscarse la vida. Intentamos evitar eso y lo que se va haciendo es intentar integrar de alguna manera. A veces se juntan dos y tres, y viven en un piso, donde uno se dedica a una cosa y otro en otra… Van sacando su vida. También existe un proyecto de conseguir terrenos donde puedan construir sus casas, de manera que cuando salen de aquí, tengan algo. Este proyecto ya se viene haciendo desde hace 2 años, porque veíamos la necesidad; y ahora vamos a implementarlo más en este 2021/2022, porque la necesidad apremia. Una manera es ofrecer un mínimo de cobertura donde la persona puede estar. Son gente que no tiene absolutamente nada. Y desde ahí empezará a ir a hacer su vida independiente de nosotros.

P. ¿Cómo transforma el Evangelio a un chico que llega a vuestro hogar?

Este es el misterio de Dios. Comienzan a vivir otra realidad diferente. Acaban por integrarse en un grupo en el que ven que hay gente que valora su fe, que reza y va a Misa. Se van juntando, y entre ellos hablan, y se dan cuenta de que ese compañero que tiene ahora 22 años y está acabando la facultad era como ellos, vivía prácticamente de la misma manera que ellos. ¿Por qué no voy a poder yo? Aquí entra el asunto de la fe, ayuda. Sin necesidad de tener que estar imponiendo o siendo muy rígidos, porque la fe ya sabes que salgo a descubrir. No se consigue nada imponiendo. Todo forma un conjunto y dentro de él está la vivencia de la fe el descubrimiento de la fe de alguna manera.

P. ¿Cuántos chavales hay en el Lar San Jerónimo?

Ahora mismo están alrededor de 55. Tenemos también otro grupo de unos 15, más o menos, que están fuera por causas de la cuarentena del covid. De ellos se hacía cargo algún familiar, y de momento están con ellos hasta que también veamos cómo va a empezar el nuevo año escolar; estamos esperando lo que digan las autoridades sanitarias. Voy a aprovechar para decirte una cosa: en los últimos días los casos de covid en Mozambique han aumentado muchísimo. Están las autoridades sanitarias preocupadas. Aquí no se llega a los índices de contagios de Europa. Pero cuando verdaderamente está empezando a ser rápido y no solo en Mozambique, sino en toda África, es ahora en 2021. En Beira la situación no es preocupante, es más en la zona de Maputo, y sobre todo en la zona más triste, Pemba, que están con la guerra y terrorismo, y ahora el covid. El centro se mantiene gracias a donativos de la Fundación Emiliani y de los padres somascos. Y luego, llegan algunas ayudas y donativos puntuales que no son fijos. Luego, una ayuda también fija de Propaganda Fide-Infancia Misionera, que es anual, una ayuda para el mantenimiento del centro. El dinero llega, sí, es una ayuda con la que contamos en la contabilidad como fija porque todos los años cae algo. Los tres puntales son esa ayuda, la de la congregación de padres somascos y la Fundación Emiliani.

P. ¿Vale la pena esta entrega de tu vida a la misión?

Yo ya llevo aquí 16 años y ya me he hecho esto y es cierto que vale la pena. Lo que pasa es que eso de valorarla por encima de las demás, no. De la misma manera podría estar haciendo otra labor en España. No soy de esos que dicen de la fiebre africana, de los que no se quieren ir. Me parece que se puede ayudar aquí de la misma manera que se puede ayudar en España y, a nivel de caridad, lo de ayuda y demás sabes cómo está la situación en las caritas españolas. Con lo cual quién quiere trabajar y hacer el bien lo hace en África lo mismo que lo hace en España o que lo hace en Rusia.