OMPRESS-INDIA (6-06-19) Un misionero polaco estableció hace años en Odisha, al sur de Calcuta, un centro destinado a ayudar y dar esperanza a pacientes de lepra. Fue en 1976 cuando el padre Marian Zelazek, misionero del Verbo Divino, fundó en la ciudad de Puri el Karunalaya Leprosy Care Centre para hacerse cargo de los leprosos abandonados, según informa la agencia de noticias católica UCA News.

Es el caso de Brunda Mohanty, de 66 años, que recuerda la terrible situación que vivió cuando, a los 14 años, tuvo que abandonar su hogar. Aunque su madre había muerto cuando él tenía pocos años, el pueblo de Nirkarpur había cuidado de él. Todo acabó cuando empezaron a aparecer manchas en su cuerpo. Sus seres queridos comenzaron a tratarle como a un marginado, explicaba al periodista Saji Thomas. Se dio cuenta de que había contraído la lepra, una enfermedad que los indios consideran una maldición. Se coló en un tren y llegó a los suburbios de la ciudad de Puri, viviendo entre gente como él, leprosos y marginados. Así vivió nueve años hasta que se encontró con el padre Zelazek. Le ofreció ayuda, medicinas, comida, alojamiento, pero lo que más le impactó fue que, hasta aquel momento, en 9 años de exclusión, nadie se le había acercado. El mismo misionero curó sus heridas y le llevó al centro que había creado. Consiguió un trabajo y con el tiempo Mohanty formó una familia, como las otras 160 que viven en el centro con sus hijos y sus nietos. Todos los residentes mayores fueron expulsados de sus hogares y de sus casas y sufrieron una terrible exclusión social. El padre Zelazek, que pasó cinco años en el campo de concentración de Dachau en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, murió en 2006 con 88 años.

El padre Bautista D’Souza, otro misionero del Verbo Divino que ahora es el director del centro, explicaba que en la actualidad alberga a unas 700 personas. Aunque la mayoría de los residentes están curados y sus hijos y nietos no tienen infección, viven aquí porque no tienen otro lugar al que ir. Cuando el padre Zelazek comenzó la misión, explicaba el misionero, fue difícil convencer a la gente de que esta enfermedad es como cualquier otra y se puede curar si se detecta en las primeras etapas. Incluso los médicos con una buena formación académica no estaban dispuestos a tratar a los pacientes porque temían una infección. La labor del padre Zelazek y de muchos otros misioneros católicos que establecieron instituciones para ayudar a los leprosos desde principios del siglo XX ha traído consigo un cambio social. Ahora nadie trata a los pacientes de lepra como parias o tiene miedo de proporcionarles ayuda médica. Aún así de los 250.000 leprosos del mundo, la mitad vive en la India.