OMPRESS-PERÚ (22-01-21) Misionero claretiano, como religioso lleva toda una vida entregada a los demás en España y en Perú. Desde allí, a sus 88 años, habla de su labor misionera y de cómo se está viviendo la pandemia. Cuenta que acaba de cumplir años, por los que da gracias al Dador de la vida, por todo este tiempo que le ha concedido: “Pasé 30 años en España dedicado a la enseñanza y, en Perú, llevo otros 30, dedicado especialmente a los más pobres y necesitados. Aprovecho para volver a agradeceros una gran ayuda que recibí de Infancia Misionera. Fue por los años noventa. En mi trabajo con los niños llevaba un comedor para ellos y de Roma me concedieron una gran ayuda.

Ahora ya estoy retirado y doy gracias a Dios de que a pesar de mi débil salud aún me puedo valer sin dar demasiadas preocupaciones a los demás. Estoy en el Seminario Claretiano de Magdalena del Mar, en Lima, donde tenemos seminaristas de la India, Vietnam, Filipinas, Tanzania, Uganda y hasta uno de Perú. Están esperando a que se abra el tráfico aéreo otro del Congo y otro de Camerún. Mi tarea es ayudarles en el idioma y en las lenguas clásicas.

Hasta que empezó la pandemia iba los sábados a Huayaringa, un pequeño pueblecito de unos 400 habitantes a 50 km. de Lima y ya en plenos Andes. Como no sé conducir tenía que ir en la movilidad pública y ya era muy peligroso por la aglomeración que siempre había en los autobuses. Pero no los he abandonado del todo. Ayer mismo los niños tuvieron un reparto de panetones, juguetes y ropa que me regalaron antiguos colaboradores de la labor pastoral. Les he podido construir, casi obligado por la Providencia, una capilla sustituyendo la antigua que tenían de madera, que ya estaba que se nos caían algunos puntales del techo y las ratas se nos comían las hostias. Digo casi obligado porque, sin abrir la boca, nos fueron ofreciendo columnas y vigas de hierro con las medidas justas de la capilla como un primer empujón para que comenzáramos.

Como yo soy de los que pertenecemos a la Edad de Piedra de la Informática aún no he aprendido a pasar al ordenador las fotos que me envían al teléfono y no puedo enviaros las que me llegaron ayer de Huayaringa. Los seminaristas están en clase virtual y no me pueden ayudar. Son jóvenes muy decididos y apenas terminaron los cursos de Filosofía y Teología el 22 de diciembre, con menos de dos semanas de vacaciones, comenzaron otros cursos.

Los claretianos estamos presentes en la primera línea del frente misionero en Perú. Atendemos a unas 30 comunidades nativas de la selva que viven a orillas de los ríos. Tengo unas antiguas alumnas de España que trabajan en Farmacia y Medicina y me envían con alguna frecuencia medicinas. Las más sencillas de usar, como aspirinas, paracetamol y algún antibiótico se las envío a ellos. Un antiguo compañero claretiano y colega en la enseñanza en España hoy es obispo del Vicariato de San José del Amazonas y a su zona también envío medicinas a través de unas religiosas que le ayudan”.