OMPRESS-FILIPINAS (16-12-19) El cardenal Luis Antonio Tagle, arzobispo de Manila, era nombrado por el Papa Francisco, el pasado 8 de diciembre, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el dicasterio misionero de la Iglesia. Misioneros españoles en Filipinas han acogido con simpatía el nombramiento del nuevo responsable del mundo misionero en la Santa Sede. El misionero escolapio Jesús Lacarra cuenta que le ha escuchado muchas veces porque “era profesor de Teología en los centros a donde iban nuestros teólogos a estudiar; siempre he tenido una muy buena información de su apostolado. Era y es muy apreciado por todos”. Y es que el cardenal Tagle ha sido profesor de la escuela teológica de los Jesuitas en Quezon City (Metro Manila), la “Loyola School of Theology” y en el seminario conciliar de Manila City “San Carlos Seminary”.

Por su parte, la misionera Carlota Martínez Alba, de las Esclavas del Divino Corazón, cuenta que “todos los meses de julio en Manila se celebran las jornadas de la Nueva Evangelización. El cardenal está al frente de esta convocatoria: presenta, anima, entrevista, celebra… Es un hombre que comparte desde dentro, no sólo ideas, sino vivencias, sin importarle si se emociona, si se cuestiona, si llora o ríe… Es un hombre muy ‘humano’ y eso la gente lo ve, lo agradece y también nos ayuda a ver otro rosto de Iglesia, de nuestros pastores”.

La misionera Fátima Benito Santamaría, Hermanita de los Ancianos Desamparados, recuerda que “cuando nos ha visitado aquí en el Hogar de los ancianos Santa Teresa Jornet, pues lo ha hecho en varias ocasiones durante el tiempo que ha sido arzobispo de Manila, ha sido un autentico acontecimiento. Cantaba para las ancianas con un sentimiento que emocionaba. A todas saludaba, una por una y en una ocasión llego a invitarlas a todas a comer. Compartió con ellas el día de las Bodas de Oro de Matrimonio de sus padres, la cena…”.

“Nos ha alegrado mucho el nombramiento del cardenal Tagle”, dice la misionera Ana Palma. Servidora del Evangelio, “y va a ser un regalo para toda la Iglesia”. Recuerda una experiencia: “La primera vez que nos encontramos con él en Manila fuimos a verle a una parroquia llamada San Agustín. Había un concierto de Navidad y el cantaba en el coro. Le encanta cantar. Y cuando le saludamos al final del concierto nos dio la bienvenida a Filipinas y nos dijo que teníamos que aprender a cantar, que es parte de la cultura filipina. El pueblo filipino tiene canciones para todo, para celebrar, para trabajar, para superar el sufrimiento y para rezar a Dios. Y otra cosa que nos dijo es que habláramos con los niños para aprender tagalog, que iba a ser muy fácil. Es una persona alegre, que conoce a cada uno por el nombre y evangeliza contando una historia, la historia de Jesús entre nosotros”.