OMPRESS-SANTANDER (16-10-18) Mons. Manuel Sánchez Monge, obispo de Santander, escribe a los fieles de la diócesis cántabra con motivo del Domund que celebramos este próximo 21 de octubre:

“El lema para el Domund 2018 es ‘Cambia el mundo’. Es una propuesta audaz y atrevida, aunque alguno sonría calificándola de ingenua. Sin embargo para esto ha nacido la Iglesia: para intentar cambiar el mundo a mejor. Y eso es lo que hacen los misioneros cuando son enviados a terrenos de misión. Y eso es lo que tiene que hacer todo cristiano que se haya tomado en serio lo que tiene que ser: ‘discípulo misionero’. Nos ha dicho el papa Francisco: ‘No se trata simplemente de replantear las motivaciones para mejorar lo que ya hacéis. La conversión misionera de las estructuras de la Iglesia requiere santidad personal y creatividad espiritual. Por lo tanto, no sólo renovar lo viejo, sino permitir que el Espíritu Santo cree lo nuevo […] haga nuevas todas las cosas. Él es el protagonista de la misión’.

Ahora bien, el cambio que promueve el Domund no es algo meramente exterior. Nace del corazón, de un corazón donde ha entrado Dios y lo ha transformado. Dios es quien da la fuerza para vencer el egoísmo y el confort y salir a un mundo sin fronteras. ‘Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el contagio del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor’, advierte el Papa actual.

La misión cambia el mundo. Acoger a la persona de Jesús para desarrollar cada uno de nosotros el sueño de Dios, acoger el don de la misericordia divina, transforma y cambia a mejor el mundo en que vivimos. Sólo el amor es capaz de transformar el mundo. La misión vivida con el Evangelio en la mano cambia el mundo porque transforma el miedo en valentía, la oscuridad en luz, la venganza en perdón y a quien está postrado en el camino lo levanta y le ayuda a caminar con dignidad.

El Domund nos anima a ayudar con nuestra oración y con nuestra limosna a los misioneros. Entre ellos se cuentan un grupo no pequeño de hijos de nuestra Iglesia que peregrina en Cantabria y el valle de Mena. Pero este año también nos anima a cambiar de actitudes. A que abandonemos todo aquello que nos encierra en nosotros y ensanchemos la mirada y el corazón a los horizontes de toda la humanidad.

Agradezco el trabajo que a través de todo el año viene realizando la Delegación Diocesana de Misiones, que estrena cada día ilusión y proyectos. Y animo a todos a avivar la conciencia misionera. Es un honor para nosotros que el Señor nos haya confiado el anuncio de la Noticia buena de verdad”.

 

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