OMPRESS-FILIPINAS (5-02-20) La diócesis filipina de Parañaque abre la causa de beatificación de un misionero italiano que dedicó su vida a las gentes de esta zona del país al sur de Manila. El pasado sábado se abría oficialmente con una misa multitudinaria en el Santuario Nacional de María Auxiliadora la causa del padre Giuseppe Aveni, un misionero rogacionista italiano, conocido por su vida de oración y su especial don de consejo en la dirección espiritual. Con la apertura de la causa, el padre Aveni recibe el título de “Siervo de Dios” y, en Filipinas, son muchos los que se han alegrado con este paso hacia el reconocimiento de la santidad de este sacerdote.

El padre Aveni nació en Tripi, Messina, Italia, el 5 de diciembre de 1918, en una familia piadosa cuya casa compartía una pared con el altar de la Iglesia de San Blas. Tras recibir catequesis a una edad temprana, ya desde muy joven cultivó una vida de oración profunda y manifestó su deseo de ser sacerdote. A la edad de 13 años, comenzó la formación religiosa en la Escuela Apostólica de los rogacionistas en Messina. El 15 de julio de 1945, el padre Giuseppe Aveni era ordenado finalmente sacerdote de la Congregación de los Rogacionistas del Corazón de Jesús., Antes de cumplir 30 años, se convirtió en maestro de novicios en Trani, donde tenía fama de ser un “verdadero maestro del espíritu”, en la formación de los jóvenes rogacionistas. Nueve años después, fue llamado a Roma para ser Director de los Estudiantes de Teología. En 1959, volvió a ser maestro de novicios, esta vez en Florencia, y luego en Zagarolo, hasta 1972, cuando fue asignado como director espiritual en el Seminario de Cristo Rey en Messina. Dos años después era elegido Vicario General de su Congregación.

Cuando terminó su mandato en 1980, fue asignado a la misión en Filipinas, donde asumió el cargo de maestro de novicios a la edad de 62 años. Mientras realizaba su tarea, también se dedicó al Sacramento de la Reconciliación y a la dirección espiritual de seminaristas y monjas de diferentes congregaciones de la diócesis de Parañaque. Se enamoró de Filipinas y nunca quiso dejar el país. Después de renunciar como maestro de novicios en 1991, el padre Aveni continuó impartiendo dirección espiritual y llevando una vida de oración ferviente.

Más adelante en la década, después de caer mortalmente enfermo, “ofreció su enfermedad por las intenciones de la Santa Iglesia, por la gloria de Dios, por la salvación de las almas, por la conversión de los pecadores, y especialmente por el aumento de las vocaciones en el Iglesia entera”, explican desde la misma diócesis filipina. Murió en el seminario rogacionista de la ciudad en 2010.

Fundada por San Hannibal Maria di Francia en 1896, la congregación de los rogacionistas comenzó su misión en Filipinas en noviembre de 1976. Actualmente la congregación cuenta con 19 comunidades en Filipinas y en otras partes de Asia-Oceanía.