OMPRESS-TURQUÍA (7-05-20) Para los franciscanos de la Parroquia y Convento de San Antonio de Padua en Estambul, cada martes es un día extraordinario, también en estos momentos. Así lo cuentan los hermanos de este convento turco.

“En este día muchas personas vienen a la iglesia y se sumergen en profunda oración. Muchos hacen fila para hablar con el sacerdote y encienden velas ante la imagen del Santo de Padua. El libro donde se escriben las intenciones de oración y la caja para los pobres se llenan velozmente. Muchas personas necesitadas, más que en otros días, tocan a las puertas del Convento. Es un día de gracia. Es un día de agradecimiento e intercesión. A las 11:30 de la mañana se celebra la santa Misa en turco y a las 17:00 horas se distribuye el pan de San Antonio. Como en muchos de nuestros Conventos, los martes se brinda ayuda a los pobres; en nuestro caso distribuimos vestido y pan. El mismo San Antonio es quien hace que ninguna de estas cosas falten.

El martes 24 de marzo de 2020 será siempre recordado en nuestra Parroquia y en nuestro Convento, ya que en ese día el coronavirus cerró nuestras puertas por primera vez. Los martes siguientes tuvimos la oportunidad de continuar. Hoy, 21 de abril de 2020, es el quinto martes. Vale la pena recordar que aquel martes 24 de marzo coincidía con la jornada de penitencia y ayuno propuesta por el Ministro general, para hacer frente a la pandemia, que ya estaba cobrándose muchas víctimas.

¿Cómo podemos protegernos del virus, cómo podemos detener su difusión, cómo podemos celebrar los sacramentos, qué debemos hacer, cómo trabajar? ¿Y qué es lo que el Señor quiere decirnos en este tiempo? Estas son algunas de las preguntas que nos preocupan. El Ministro general nos ha pedido reflexionar y pensar, pero las respuestas no llegan tan fácilmente. Más fácil era que llegara… otro martes más, o «fakirlerin günü» (día para los pobres). San Antonio mismo ha decidido actuar y, según su costumbre, dar pan a los hambrientos; y ellos llegaron, más allá de cualquier prohibición impuesta por el estado en la lucha contra el virus, cada vez más numerosos. Entre los más afectados se encuentran los emigrantes del África, Asia y Medio Oriente, luego nuestros parroquianos, a quienes les han cerrado el lugar de trabajo o el comercio. Su salario diario o semanal se ha visto de pronto agotado y sus ahorros –que normalmente son enviados a sus países de origen- no han sido suficientes. El espectro de la escasez de pan comenzó a verse en sus ojos.

Los frailes han ofrecido todo lo que el Santo ha recogido y preparado para ese martes: 40 cajas de alimento. Había arroz, aceite, salsa de tomate, sal. Estos paquetes fueron distribuidos a los más necesitados, a las familias y a los parroquianos que viven tres o más en un mismo apartamento. Gracias a los conocidos de la comunidad, por parte de los parroquianos, la ayuda logró alcanzar a 140 personas. Cada martes, San Antonio ha preparado nuevamente su pan. Esta vez en mayor cantidad, pues ha añadido… verduras. Los frailes han separado y organizado todo cuidadosamente, y han preparado 80 paquetes, que contenían cada uno 10 patatas, 10 cebollas, 4 zanahorias, 4 pepinos y 3 tomates. Las personas más necesitadas pudieron recibir una pequeña provisión para algunos días. Aunque la cantidad es pequeña, es abundante porque la ha donado san Antonio.

Queridos hermanos, los verdaderos milagros suceden ante nuestros ojos, pues la bondad de Dios no conoce límites. Agradecemos a todos aquellos que han atendido la llamada de San Antonio. Agradecemos por las donaciones individuales y por aquellas brindadas por parte de dos instituciones: la Parroquia francesa de Saint Louis y la Caritas turca. Agradecemos a nuestros amigos turcos y a los bienhechores desconocidos. Por último, agradecemos a cada uno de ustedes, hermanos, por su solidaridad en la oración y su testimonio en la acción. Que el virus de la gentileza y de la generosidad con la cual San Antonio nos ha contagiado, nunca nos abandone”.