OMPRESS-MADAGASCAR (9-09-19) En su etapa en Madagascar que concluía ayer, en el viaje que le ha llevado al sureste de África, el Papa ha tenido un encuentro con los sacerdotes, religiosas y religiosos y seminaristas. En el Colegio Saint Michel de Antananarivo han resonado las palabras de respaldo del Pontífice a esta Iglesia de Madagascar, una Iglesia “de los pobres y para los pobres”.

El Pontífice ha comentado en su intervención las palabras de Jesús del Evangelio de San Lucas: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños”. Esta realidad, explicaba el Papa a los presentes, “es una invitación a recordar con gratitud a todos aquellos que no han tenido miedo y han sabido apostar por Jesucristo y su Reino; y vosotros hoy participáis de su herencia. Antes de vosotros, están las raíces: las raíces de la evangelización, aquí. Vosotros sois la herencia. Y también vosotros dejaréis un legado a otros. Pienso en los lazaristas, en los jesuitas, en las hermanas de San José de Cluny, en los hermanos de las Escuelas Cristianas, en los misioneros de la Salette y en todos los demás pioneros, obispos, sacerdotes y personas consagradas. Y también en muchos laicos que, en tiempos difíciles de persecución, cuando muchos misioneros y personas consagradas tuvieron que irse, fueron los que mantuvieron viva la llama de la fe en estas tierras. Esto nos invita a recordar nuestro bautismo, como primer y gran sacramento gracias al cual recibimos el sello de hijos de Dios. Todo lo demás es una expresión y manifestación de ese amor inicial que siempre estamos invitados a renovar”.

Les agradecía el Papa Francisco el haber aceptado el desafío de ser una Iglesia en salida: “Os habéis atrevido a salir y habéis aceptado el desafío de llevar la luz del Evangelio a cada rincón de esta isla. Sé que muchos de vosotros vivís en condiciones difíciles, en las que faltan los servicios esenciales – agua, electricidad, carreteras, medios de comunicación – o los recursos económicos para llevar adelante la vida y la actividad pastoral. Muchos de vosotros lleváis sobre vuestras espaldas, por no decir sobre vuestra salud, el peso de las fatigas apostólicas. Aún sí escogéis quedaros y estar junto a vuestra gente, cercanos a vuestra gente, con vuestra gente”.

Y añadía: “Gracias por esto. Gracias de corazón por vuestro testimonio de estar cercanos a la gente”. Y les animaba a imitar a Jesús con esa oración alabanza del texto inicial. Así es como se aprende la “sensibilidad para no perder la brújula y convertir los medios en nuestros fines, y lo superfluo en importante”.

“Cada uno puede dar testimonio”, añadía el Papa Francisco, “de las batallas… y también de algunas derrotas. Cuando mencionáis los innumerables campos en los que desarrolláis vuestra acción evangelizadora, estáis sosteniendo esa lucha en nombre de Jesús. En su nombre, derrotáis al mal cuando enseñáis a alabar al Padre Celestial y cuando enseñáis con sencillez el Evangelio y el catecismo. Cuando visitáis y cuidáis a una persona enferma o lleváis el consuelo de la reconciliación. En su nombre, vencéis alimentando a un niño, salvando a una madre de la desesperación de estar sola haciendo todo, o conseguís trabajo a un padre de familia”. Por eso, concluía: “Bienaventurados vosotros, bienaventurada la Iglesia de los pobres y para los pobres, porque vive impregnada del perfume de su Señor, vive alegre anunciando la Buena Noticia a los descartados de la tierra, a aquellos que son los favoritos de Dios”.