OMPRESS-ROMA (01-10-19) Ayer recibía el Papa Francisco a una delegación de institutos misioneros de fundación italiana. Una oportunidad, como decía el mismo Papa, para reflexionar juntos sobre la misión y, sobre todo, para invocar sobre ella la gracia de Dios. Todo ello en vísperas del Mes Misionero Extraordinario que comienza hoy.

“El misionero vive el coraje del Evangelio sin demasiados cálculos”, les decía, “a veces incluso va más allá del sentido común porque se siente empujado por la confianza depositada exclusivamente en Jesús. Existe una mística de la misión, una sed de comunión con Cristo a través del testimonio, que vuestros fundadores y fundadoras han vivido, y que los ha impulsado a entregarse totalmente”.

El Papa decía sentirse conmovido cuando ha oído de los misioneros presentes: “Somos misioneras y misioneros ad gentes… ad extra… ad vitam…”.

“Con la consagración a la misión ad gentes, hacéis vuestra contribución específica al compromiso de evangelización de toda la Iglesia. Con la riqueza de los carismas de vuestros Institutos, que significa – es decir corazones, rostros, historias e incluso la sangre de misioneros y misioneras – interpretáis el mensaje de la Evangelii nuntiandi de San Pablo VI, el de Redemptoris missio de San Juan Pablo II y el de Evangelii gaudium”.

Vosotros los misioneros, les decía el Papa Francisco, “ayudáis a mantener vivo en el pueblo de Dios la conciencia de estar constitutivamente ‘en salida’, enviado a llevar a todas las gentes bendición de Dios que es Jesucristo. Y ayudáis además a recordar la misión no es un trabajo individual, de ‘campeones solitarios’, sino comunitario, fraterno, compartido”.

Las congregaciones e institutos misioneros muestran además a la Iglesia, explicaba el Papa, que la misión no discurre en un único sentido. “Hoy la mayor parte de las vocaciones sacerdotales y religiosas surgen en territorios que antes solo recibían misioneros. Este hecho, por un lado, aumenta en nosotros el sentido de gratitud hacia los santos evangelizadores que han sembrado con grandes sacrificios en esas tierras; y, por otro lado, constituye un desafío para las Iglesias y para los Institutos: un desafío para la comunión y la formación. Pero un desafío que hay que aceptar sin temor, con confianza en el Espíritu Santo que es Maestro en armonizar la diversidad”.

“Con vuestra partida seguís diciendo: con Cristo no hay aburrimiento, ni cansancio, ni tristeza, porque Él es la novedad continua de nuestro vivir. El misionero necesita el gozo del Evangelio: sin él no hay misión, se anuncia un evangelio que no atrae. Y el núcleo de la misión es esta atracción de Cristo: es el único que atrae. Los hombres y mujeres de hoy, en Italia y en el mundo, necesitan ver a personas que tengan en sus corazones la alegría del Resucitado, que se han sido atraídos por el Señor. Este testimonio, visible en el diálogo, en la caridad mutua, en la aceptación y el intercambio recíprocos, habla de la belleza del Evangelio, atrae a la alegría de creer en Jesús y anclarse a Él”.

Y terminaba recordando que el tema del Mes Misionero Extraordinario, “Bautizados y enviados”, lo eligió para recordar que “la naturaleza intrínseca de la Iglesia es misionera. La Iglesia existe en camino; sobre el sofá no hay Iglesia”.