OMPRESS-OSAKA (JAPÓN) (28-11-19) La hermana Domitila Fuertes Ramos, de las Misioneras de Santo Domingo, ha vivido de cerca la visita del Papa Francisco a Japón. La misionera leonesa, desde su comunidad de Osaka, comenta sus impresiones de este viaje apostólico, en el que el Papa ha sido como una “estrella fugaz”:

“La ‘minivisita’ del Papa Francisco a Japón se podría definir así: como una estrella fugaz, o como una ráfaga de viento, rápida pero que deja secuelas, en este caso positivas, muy positivas, donde destacan los valores del cristianismo en primera plana.

Dijo verdades tan bien dichas y con tanta imparcialidad y equilibrio, que dejó a la gente de este país sorprendida. La bondad y naturalidad que desprendía su figura dejó una señal en los corazones de los japoneses. Tuvo palabras para todos, adoptando la expresión correcta en cada momento, ajustándose a las circunstancias históricas y presentes del lugar.

Merece la pena leer el texto completo de cada una de sus homilías y, supongo, que ya lo han seguido a través de los medios. Por eso me limitaré a decir en una palabra, si es que se puede decir, el contenido de alguno de sus mensajes.

Nos dice: ‘Nos unimos a los cristianos que en diversas partes del mundo hoy sufren y viven el martirio a causa de la fe .Mártires del siglo XXI que nos interpelan con su testimonio a que tomemos valientemente el camino de las bienaventuranzas’. Esto dicho así en Nagasaki, en el lugar del martirio de los cristianos del siglo XVI, tiene otro sentido. ‘En el mundo de hoy, en el que millones de niños y familias viven en condiciones infrahumanas, el dinero que se gasta y las fortunas que se ganan en la fabricación, mantenimiento y venta de armas, cada vez más destructivas, son un atentado continuo que clama al cielo’. Este espíritu expresado en Hiroshima, y ante los miembros más destacados del gobierno, fue un gran llamamiento a la defensa de la Vida y la construcción de la paz.

‘Nadie puede volver a empezar solo’, dijo el Papa refiriéndose a las víctimas del desastre ocurrido en el 2011, a las víctimas del tsunami y de las radiaciones nucleares. En la Catedral de Tokio con los jóvenes se expresó así: ‘Nuestra era siente la tentación de hacer del proceso tecnológico la medida del progreso humano’. ‘¿Qué clase de mundo, qué clase de legado queremos dejar a las que vendrán después de nosotros?’. Les habló de ‘la necesidad de encontrar un nuevo camino para el futuro, un camino basado en el respeto por cada persona y en el respeto por el mundo natural… que permita a todos encontrar esperanza, estabilidad y seguridad para el futuro’. También pidió a todos que ‘hagan un hueco en su corazón para el Señor’.

En un país donde los católicos son una pequeñísima minoría, nos ha sorprendido el interés de los medios de comunicación. Han hecho muy buenos comentarios y han recogido lo mejor de los mensajes del Papa. Le han dedicado programas de televisión y sobremesas con diálogos muy positivos.

Nuestras hermanas de la Provincia de Japón, a todas las que ni su trabajo ni sus años ni su enfermedad, se lo impidió, hicieron acto de presencia para recibir al Santo Padre. Cada comunidad asistió al lugar más cercano que frecuentaría el Papa. Los testimonios están cargados de vida, de emoción, de acción de gracias al Santo Padre por dignarse venir a visitarnos a un lejano Oriente y por hacerse cercano y humano. Seguiremos orando para que la semilla que dejó su paso de ‘estrella fugaz’ crezca y dé frutos abundantes. Que la ráfaga de viento que nos animó, consoló y vivificó siga siendo el motor que impulse nuestra vida y misión. A mí me recuerda a Jesús. Su misión fue corta pero perdura en los siglos y seguirá dando fruto. El Papa en poco tiempo hizo mucho… ahora es nuestro deber seguir haciendo realidad la presencia de Dios entre nosotros. Como dijo el Papa. ‘les pido unirnos en oraciones cada día, por la conversión de las conciencias y por el triunfo de una cultura de la vida, de la reconciliación y de la fraternidad’. Que así sea”.