OMPRESS-BANGKOK (22-11-19) “El discípulo misionero no es un mercenario de la fe ni un generador de prosélitos, sino un mendicante que reconoce que le faltan sus hermanos, hermanas y madres, con quienes celebrar y festejar el don irrevocable de la reconciliación que Jesús nos regala a todos”, así debe ser el verdadero misionero, señalaba el Papa en su homilía en la Misa en el estadio de Bangkok que ha reunido a 60.000 personas, y con la que concluía el segundo día del viaje apostólico a Tailandia. “Han pasado 350 años de la creación del Vicariato Apostólico de Siam (1669-2019), signo del abrazo familiar producido en estas tierras. Tan sólo dos misioneros fueron capaces de animarse a sembrar las semillas que, desde hace tanto tiempo, vienen creciendo y floreciendo en una variedad de iniciativas apostólicas, que han contribuido a la vida de la nación. Este aniversario no significa nostalgia del pasado sino fuego esperanzador para que, en el presente, también nosotros podamos responder con la misma determinación, fortaleza y confianza. Es memoria festiva y agradecida que nos ayuda a salir alegremente a compartir la vida nueva, que viene del Evangelio, con todos los miembros de nuestra familia que aún no conocemos”.

Recordó en su homilía a tantos “niños, niñas y mujeres, expuestos a la prostitución y a la trata, desfigurados en su dignidad más auténtica; pienso en esos jóvenes esclavos de la droga y el sin sentido que termina por nublar su mirada y cauterizar sus sueños; pienso en los migrantes despojados de su hogar y familias, así como tantos otros que, como ellos, pueden sentirse olvidados, huérfanos, abandonados”. Todos ellos “son parte de nuestra familia, son nuestras madres y nuestros hermanos, no privemos a nuestras comunidades de sus rostros, de sus llagas, de sus sonrisas y de sus vidas; y no les privemos a sus llagas y a sus heridas de la unción misericordiosa del amor de Dios”.

La jornada de hoy, 22 de noviembre, con seis horas de adelanto a la de Roma, ha comenzado con un encuentro con los sacerdotes, religiosas, seminaristas y catequistas en la parroquia de San Pedro, una de las más antiguas del país, originariamente – en 1840 – construida en bambú. En este encuentro expresó el Papa “un sentimiento de acción de gracias por la vida de tantos misioneros y misioneras que fueron marcando su vida y dejando su huella”. Les ha animado a no tener miedo de querer inculturar el Evangelio cada vez más. Es necesario buscar esas nuevas formas para transmitir la Palabra, capaz de movilizar y despertar el deseo de conocer al Señor: ¿Quién es este hombre? ¿Quiénes son estas personas que siguen a un crucificado? El Papa Francisco les dijo asimismo que al preparando este encuentro pudo leer, con cierto dolor, que para muchos la fe cristiana es una fe extranjera, es la religión de los extranjeros. Les ha animado por ello a buscar inculturarse, a “darle rostro y ‘carne’ tailandesa, que es mucho más que realizar traducciones. Es dejar que el Evangelio se desvista de ropajes buenos pero extranjeros, para sonar con la música que a ustedes les es propia en esta tierra y hacer vibrar el alma de nuestros hermanos con la misma belleza que encendió nuestro corazón”.

Se ha reunido después, en el Santuario del Beato Nicolás Bunkerd Kitbamrung, con los obispos tailandeses y representantes de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia. “Ustedes cargan sobre sus hombros las preocupaciones de sus pueblos”, les ha dicho, “al ver el flagelo de las drogas y el tráfico de personas, la necesidad de atender un gran número de migrantes y refugiados, las malas condiciones de trabajo, la explotación laboral experimentada por muchos, así como la desigualdad económica y social que existe entre los ricos y pobres”. Frente a esta realidad, el Papa les ha exhortado a aprender de los santos que les han precedido y que enfrentaron las dificultades propias de su época. Les ha agradecido por su voluntad de “ir adelante, anunciar, sembrar, rezar, y esperar” y por hacerlo “sin perder la alegría”.