OMPRESS-ROMA (4-06-18) El Papa Francisco recibía el viernes a los participantes en la Asamblea General de las Obras Misionales Pontificias reunida en Roma. Presentes estaban, además del cardenal Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y los responsables internacionales de las Obras Misionales Pontificias (OMP), todos los directores nacionales del mundo.

Tras agradecer la labor de sensibilización misionera realizada por las OMP el Papa hablaba del Mes Misionero Extraordinario de 2019: les decía: “Os animo a vivir esta fase de preparación como una gran oportunidad para renovar el compromiso misionero de toda la Iglesia. Y es también una ocasión providencial para renovar nuestras Obras Misionales Pontificias. Las cosas siempre se deben renovar: renovar el corazón, renovar las obras, renovar las organizaciones, porque, si no, acabaremos todos en un museo”.

Añadía además: “Conocéis bien mi preocupación por el peligro de que vuestra labor se reduzca a la mera dimensión monetaria de la ayuda material – esta es una verdadera preocupación – transformándoos en una agencia como tantas otras, que incluso tienen inspiración cristiana. No es esto lo que los fundadores de las Obras Pontificias y el Papa Pío XI querían cuando las hicieron nacer y las organizaron al servicio del Sucesor de Pedro”. Por eso, el Papa Francisco insistía en “la necesidad de recalificar evangélicamente la misión de la Iglesia en el mundo”.

Porque “la conversión misionera de las estructuras de la Iglesia exige santidad personal y creatividad espiritual. No solo renovar lo viejo, sino permitir que el Espíritu Santo cree lo nuevo, haga nuevas todas las cosas. Él es el protagonista de la misión: es Él el “jefe de oficina” de las Obras Misionales Pontificias”.

Volvía de nuevo a hablar del Mes Misionero Extraordinario, cuyo lema “Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo”, “subraya que el envío a la misión es una llamada innata al Bautismo y es de todos los bautizados. Así la misión es envío para la salvación que actúa la conversión del enviado y del destinatario: ¡nuestra vida es, en Cristo, una misión! Nosotros mismos somos misión porque somos amor de Dios comunicado, somos santidad de Dios creada a su imagen. La misión es por tanto santificación nuestra y del mundo entero, desde la creación”.

La renovación de las Obras Misionales Pontificias, en este sentido significa renovar “con creatividad la naturaleza y la acción de las Obras Misionales Pontificias, poniéndolas al servicio de la misión, para que en el corazón de nuestras preocupaciones esté la santidad de la vida de los discípulos misioneros”. De hecho, insistía el Papa, “nosotros no tenemos un producto que vender – aquí no entra el proselitismo, no tenemos un producto que vender -, sino una vida que comunicar: Dios, su vida divina, su amor misericordioso, su santidad. Y es el Espíritu Santo el que nos envía, nos acompaña, nos inspira: es Él el autor de la misión. Es Él quien lleva adelante la Iglesia, no nosotros”.