OMPRESS-ROMA (26-01-21) “Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas…” así comienza la cita recogida por el Papa Francisco en su Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, de este periodista, cuyo centenario hemos celebrado este 2020.

De hecho se trata del cuarto punto, del Decálogo del Periodista que escribiera el beato Manuel Lozano Garrido: “Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llene de sabia y frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean”. Una mención que iba como “anillo al dedo” al tema elegido por el Santo Padre para el mensaje de este año, “Ven y lo verás”, de Juan 1, 46.

Conocido familiarmente como Lolo, Manuel Lozano Garrido (1920-1971), periodista y escritor, en silla de ruedas durante casi tres décadas, y ciego durante sus últimos 9 años, forjó una estrecha relación con las Obras Misionales Pontificias de España, de las que fue colaborador constante en diversas publicaciones. Colaboró sobre todo con “Enfermos Misioneros”. Evidentemente reunía las condiciones idóneas para escribir en esta publicación. Por un lado, un excepcional modo de afrontar, desde su vivencia cristiana, la dolorosa enfermedad que padecía; por otro, su experiencia y cualidades como periodista. Su primera colaboración se remonta a octubre de 1959 y se prolongó durante más de diez años, con artículos en las diversas revistas de las OMP. Escribía artículos para la revista “Orate”, que la Pontificia Unión Misional del Clero, dirigía a las religiosas; para la revista “Catolicismo” y su sucesora “Pueblos del Tercer Mundo”.

Nacido en Linares, Jaén, el 9 de agosto de 1920. A los 22 años comenzó a sufrir la parálisis progresiva que le obligó permanecer en silla de ruedas durante el resto de su vida. Esto no le impidió escribir 9 libros y cientos de artículos, que lo convierten también en modelo de periodistas. Su formación religiosa se fraguó en la Juventud de Acción Católica. Las fuentes de su espiritualidad eran su profundo amor a la Eucaristía y a la Virgen y su intensa vida de oración. Murió el 3 de noviembre de 1971 en Linares, su ciudad, lugar que acogió también la ceremonia de su beatificación el 12 de junio de 2010.

La vida de “Lolo”, sin duda, refleja lo que dice el Papa Francisco en el Mensaje en el que lo citaba: “El Evangelio se repite hoy cada vez que recibimos el testimonio límpido de personas cuya vida ha cambiado por el encuentro con Jesús. Desde hace más de dos mil años es una cadena de encuentros la que comunica la fascinación de la aventura cristiana. El desafío que nos espera es, por lo tanto, el de comunicar encontrando a las personas donde están y como son”.